Cambio climático ¿Durmiendo con el enemigo?

78. Post del lunes - 01.02.16 - Cambio climático - durmiendo con el enemigo

Fue el añorado y llorado humorista Gila quién, en conferencia telefónica, tras preguntar por el enemigo, ordenaba: «¡Que se ponga!». En la lucha contra el cambio climático ¿A qué numero debemos llamar? ¿A quién tenemos que reclamar «que se ponga»?.

Desconocer al enemigo no ayuda a luchar, y menos todavía si se opta por utilizar la expresión «combate», en un más que legítimo intento de dramatizar la cuestión. Lucha, combate y hasta batalla son ideas adecuadas respecto al cambio climático, por tanto, hay que insistir: ¿Quién es el enemigo?.

Tampoco ayuda apuntar que el enemigo es «nuestra forma de vida», eso significa aportar un concepto tan y tan abstracto que resulta casi imposible de aterrizar, además es obvio que no todos vivimos igual, ni de cerca ni de lejos. Con todo, y con la mejor de las intenciones, llegamos a interiorizar que somos nosotros mismos, por ejemplo a través de nuestro consumo, quienes generamos el problema y entonces se hace inevitable la sospecha de que cada día nos vamos a dormir, ni más ni menos, que con nuestro enemigo.

¿Podemos ser la solución y el problema a la vez? Podemos, sí. Ocurre con las cosas humanas, a menudo es la misma persona la que origina y sostiene un conflicto y la que puede acabar con él. Pese a la complejidad del enunciado intentamos hacer algo y parece que somos la solución cuando reciclamos en casa pero ¿Somos el problema cuando trabajamos en una empresa que contamina, al parecer sin remedio? o ¿Cuándo conducimos un coche que creímos que contaminaba menos y ahora resulta que contamina más, y cambiar de coche «solo» por eso escapa a nuestras posibilidades?.

Sin embargo, decretar que todos somos el enemigo, o en su versión publicitaria, decir que todos podemos ser la solución para el problema, es una jugada maestra que corre un tupido velo sobre la verdadera identidad de los responsables reales, de quienes protagonizan encarnizadas resistencias a cualquier cambio real, muy especialmente si ese cambio afecta a los sistemas energético y financiero. Los dos sistemas cuya actuación resulta clave para entender porque hemos llegado hasta aquí y también porqué parece tan difícil salir de donde estamos.

No, no estamos durmiendo con el enemigo, esto es, quizás sí viva en nuestra ciudad o no demasiado lejos de ella, pero, desde luego, no vive en nuestra casa.

Marià Moreno

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