La dignidad de nuestros actos

¿Es posible? ¿Es realmente posible que alguien con alguna responsabilidad colectiva, en algún lugar, pueda afirmar que proteger el planeta no es su prioridad? Si eso es así, desde luego quién ya podía parecer un villano alcanza, de pleno, la categoría de malvado. El asombro, la perplejidad afloran a nuestro rostro, cuando conocemos que en un país muy, muy grande, se pretenden levantar las restricciones a las emisiones nocivas para todos, aunque no vivamos allí, aunque incluso nos separe un océano.

¿Y ahora qué? Nos lo podemos preguntar mientras miramos de reojo a todos esos cubos que en nuestra casa hacen que el plástico vaya con el plástico, el papel con el papel y lo orgánico con lo que es como él, para que solo nos quede una bolsa bien pequeña para «el rechazo». ¿Y ahora qué? ¿De qué va a servir que recorramos domésticos metros y metros con algo en la mano, tan solo para que pueda ir allí donde debe ir?

No nos queda otra, ahora tiene que ir por delante nuestra dignidad. La que nos otorga nuestra conciencia de estar haciendo algo bueno que es, por lo mismo, algo bello. Ante cualquier villano por más malvado que sea, siempre podemos levantarnos, permanecer por un instante de pié para después agacharnos y …¡Sí!.. ¡El papel con el papel y el plástico con el plástico! Para que nuestros actos sean portadores de la belleza que los hace dignos, hacerlo por esa dignidad que es la nuestra, y también para expresar que el lazo que nos une con el Planeta no obedece a ninguna conveniencia ni explotación, es un vínculo tan natural como es el del amor, el amor que sentimos por nuestra Madre, por la Pacha Mama.

Marià Moreno

132. Post del lunes – 03.04.17 – La dignidad de nuestros actos

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