Robótica Social

Parece que va muy en serio, leemos que cada robot puede llegar a sustituir hasta 8 puestos de trabajo y alguien como Bill Gates sugiere la implantación de una tasa social para los robots. Al mismo tiempo, seguimos sin resolver el arduo crucigrama del futuro de las pensiones. Quizás entonces sea cuestión de unir lo evidente. Las pensiones se pagan con puestos de trabajo ¿Es necesario que esos puestos sean ocupados por seres humanos? ¡Rotundamente no! Que lo hayamos pensado así durante largo tiempo no quiere decir que no podamos cambiar nuestra perspectiva. Pese a todas las dificultades que pueda comportar su aplicación, en el fondo es realmente simple. Los puestos de trabajo no desaparecen, sí los seres humanos que los ocupan, pero no olvidemos que esos seres, esto es, todos nosotros, seguimos vivos.

Desde luego no faltarán las encendidas quejas de quienes no ven más allá de su bolsillo. Dirán que una tasa social para los robots es un disparate, que afectará a la competitividad, que encarecerá hasta hacer inviable la robótica. No es cierto, la historia nos demuestra que no lo es. Serán exactamente las mismas quejas que surgieron cuando hubo que pagar las vacaciones de los trabajadores (inaudito, cobrar sin trabajar) o se extendieron en Europa las cotizaciones sociales. Son las mismas, pero es evidente que cualquier cosa que lleve el apellido «social» quiere decir «bien común» no solo de unos pocos.

Sea muy bienvenida la robótica, todo lo que puede hacer un robot es algo que impulsa a un ser humano hacia un trabajo donde puede aportar menos fuerza y más inteligencia, más de sí mismo, y eso es realmente bueno. Sea muy bienvenida si hace lo que debe hacer, contribuir, como todos, pagando su tasa social, la que necesitamos para sostener todo cuanto queremos sostener.

Ningún robot, ni quién lo fabrica, ni quién lo utiliza, puede actuar como un jugador de ventaja no aceptando las cargas sociales que el trabajo comporta. De la misma forma que cuando un empresario contrata a un trabajador no puede determinar que su coste es igual al salario, y por tanto suma las cotizaciones sociales, exactamente de la misma forma quién ponga un robot en marcha debe añadir el coste de su tasa social.

Es una solución inteligente a lo que ahora solo aparece como un amenaza, pero que no tiene porqué serlo.

Marià Moreno 

El Post del lunes volverá a su cita semanal el 24 de abril.

133. Post del lunes – 10.04.17 – Robótica Social

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