Libertades y Derechos Individuales

En algunos lugares del mundo casi no pensamos en ellas, en muchos otros, no pueden pensar en otra cosa. Son las llamadas libertades individuales. En la voz “Derechos civiles y políticos” encontramos en Wikipedia una relación que, pese a no ser exhaustiva, nos ilustra suficientemente: “Libertad de pensamiento, expresión, prensa e imprenta, culto, circulación y residencia junto con derechos de participación en la vida civil y política, sufragio, petición, reunión y manifestación y asociación, etc…”

Sin duda, la integración cotidiana de esas libertades y derechos es un buen síntoma respecto a la calidad de nuestra condición de ciudadanos. Lo es, tanto como lo que expresa su falta en incontables territorios del planeta.

Pero es probable que, afortunados e inmersos en nuestro saludable ejercicio civil, olvidemos algo elemental: El movimiento natural del Poder es hacia la retirada de las libertades individuales. Simplemente, nunca ha estado de acuerdo con ellas.

La mera observación de cómo se manifiesta el Poder de Norte a Sur y de Este a Oeste nos advierte de la permanente pugna de los mandatarios por erosionar esas libertades. Un método habitual se basa en “concretar” las mismas, esto es, acotarlas para reducirlas. Su mayor mentira es la de combatir con ello que el uso de una libertad, que no dudan en proclamar como justa y hasta esencial, devenga en libertinaje. Es falso, el único y vergonzoso libertinaje que campa por la Tierra es el de tantos y tantos mandatarios. Sin que ni siquiera nos sirva de consuelo el origen de su poder. En el recorte de libertades compiten, a menudo y casi con descaro, los elegidos por sufragio de los impuestos de cualquier otra manera.

Pensar, expresar, creer, circular, participar, reunir y asociar, entre otros. Componen una lista de verbos que el Poder no sabe conjugar sino van acompañados con la debida coletilla: “… lo que yo quiero…”. De modo que pensar, sí, pero: “Pensar lo que yo quiero que piensen”. Nuevamente es sencillo, el Poder no quiere saber nada de ciudadanos, los quiere siempre súbditos.

Marià Moreno

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