La revuelta (sénior) contra la desigualdad

Pisan las calles, con indignación, quienes acostumbran a transitarlas de una manera mucho más pausada, ya que sus años les han enseñado que en el fondo, casi nunca hay razón para apresurarse.

Claman contra un incremento del 0,25%. Una cifra cuya sola mención basta para tener mil razones para no estar de acuerdo, sea lo que sea a lo que se refiera.

Pero quizás la poderosa movilización no se explique tan solo por la justa defensa del poder adquisitivo. Puede que se trate de una revuelta contra esta mágica capacidad de nuestra economía para crecer como nadie en Europa, para proclamar el fin de la crisis y la llegada de todo tipo de bondades, sin que ninguna pueda alcanzar al grueso de la ciudadanía. Para que ese deseado “más” que tanto se proclama haber logrado, nos haga también algo “más iguales”.

El repetido mensaje es determinante: Las pensiones son una carga. Un peso que amenaza con ahogar las cuentas del estado. Solo después de la andanada se añade, a veces, que también son la justa contraparte del esfuerzo y del trabajo. Que no son una concesión sino una conquista que expresa el derecho a vivir un trecho de la vida, el final, teniendo un tiempo que nunca se ha tenido, sin que por ello la pobreza deba acosar a nadie.

La incapacidad para hacer que las mejoras nos alcancen a todos, mientras los reveses sí nos estallen en la cara. La impasible contemplación del crecimiento de la desigualdad, bien pueden llamar a la revuelta. Los mayores nos dicen que no quieren perder poder adquisitivo. Nos interpelan para movilizarnos ante una evidencia: Tiene que haber otra forma de repartir, en la que el hecho de que unos pocos sumen sin cesar, no signifique que todos los demás tengan que restar.

Marià Moreno

174. Post del lunes – 19.03.18 – La revuelta (sénior) contra la desigualdad

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