Cada acto revela su consecuencia

En el mundo occidental parece que hemos encontrado la solución perfecta para definir la realidad: Se lo dejamos a la ciencia. Si «Ella» (con mayúsculas por supuesto) determina que algo es cierto, lo es. Pero eso no es todo, también determina qué es causa y qué es efecto y cuál es la relación entre ellos. De modo que cuando «Ella» afirma que algo es la causa de otro algo que es su efecto, pues así es. Cuando no puede hacerlo pues nos quedamos con la conocida coletilla: «a la espera de que el progreso científico lo permita conocer».

Tenemos tan integrada esta cuestión que quizás nos cueste ver cuánto y cómo desafía al sentido común. Salvo error de mi parte, la ciencia no ha determinado el poder de una mirada, o de un abrazo, pero mirada y abrazo tienen poder, incluso un increíble poder. Puede argumentarse ahora que no le vamos a pedir a la ciencia que se ocupe de todas y cada una de las acciones humanas, que para eso justamente ya está el sentido común. Está bien, dejemos a la ciencia que siga tratando de mejorar nuestra comprensión del mundo, pero si no puede ocuparse de todas nuestras cosas quizás podamos decirle que, al menos de algunas, nos ocupemos nosotros mismos.

Cada acto revela su consecuencia, de la misma forma que la semilla ya es la flor. Simplemente se encuentran en un estadio anterior de lo que será, pese a que deban producirse determinados acontecimientos, nada puede negar el carácter de germen tanto al acto como a la semilla. El germen es una entidad completa, acabada en sí misma, de no serlo no podría prosperar, perdería su identidad, no sería un germen.

Que cada acto revele su consecuencia no implica que cada acto «tenga consecuencias», por la cuestión acabada de apuntar, si no se producen los acontecimientos que facilitan el desarrollo del germen, pese a su carácter completo, no podrá prosperar. Pero no hay que esperar más, si miramos con «ojos humanos» al acto, podemos ver su consecuencia y no haría falta nada más para actuar.

Muchos de los gobernantes actuales, a los que suman no pocos de nuestros rectores económicos, se adhieren con entusiasmo a la negación de las consecuencias que sus actos revelan, al menos hasta que la ciencia lo demuestre, cosa harto improbable porque gobernantes y magnates siempre van a poder contar con «su ciencia».

Cuando se ningunea o matiza el cambio climático, la consecuencia deseada es que nada cambie en una economía que necesita ser depredadora para subsistir, cuando se menosprecia a una mujer, se desea que siga siendo, para siempre, ciudadana de segunda, cuando se firma una proclama racista, se quiere que el racismo y el odio al diferente vuelva a ordenar nuestra vida. Es así, la consecuencia quiere ser tan completa como lo es el germen que la alumbra.

Cada acto revela su consecuencia, nos dice qué desea y ante la avalancha de los que con tanta tesón defienden la vuelta a la oscuridad, sí nos queda algo: nuestro «común sentido», el que hace que también seamos muchos los que intentamos que nuestros actos y sus consecuencias, revelen nuestro deseo de ser humanos desde la mejor expresión de nuestra humanidad.

Marià Moreno

3. MasAllaDelLunes – Cada acto revela su consecuencia – 24.03.19

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