El secuestro del futuro

El Post el Lunes - SoloEl secuestro del futuro es un imperativo en el proceder de cualquier poder reinante.  

El futuro no forma parte de la realidad, ya que no existe. Al mismo tiempo lo que ahora consideramos «realidad» será «el pasado» apenas dentro de un instante. Una comunidad siente que progresa cuando alcanza un futuro que considera es mejor que su pasado. La noción de progreso se asocia entonces a la armónica sucesión de una realidad que envejece por momentos para dar paso a una nueva realidad que aporta más a lo colectivo. Así, lo viejo puede ser entrañable, ciertamente, pero sobre todo se desea de él que sea «el pasado», que no vuelva, que no sea nunca más.

El futuro no es más que una quimera urdida en la mente de las personas, hasta que de manera sorprendente deviene real: la esclavitud es abolida, las mujeres votan, la educación pasa a ser un derecho y deja de ser un privilegio. El secuestro del futuro es un imperativo en el proceder de cualquier poder reinante. Su misión central es convencer a sus súbditos (a menudo mal llamados ciudadanos) de que no hay otro futuro que la exacta réplica de la realidad que viven. Nada es posible si cuestiona cualquier pilar, no ya central sino también menor, sobre el que asienta su dominio. A eso se dedican con desmesurado afán los diversos poderes imperantes, no solo proclaman el final de la historia sino que condenan a los seres humanos al peonaje eterno que su capricho dicte y con el mismo elegante gesto destruyen el planeta.

Visionaria, utópica, carente de sentido, y hasta de cordura, son los apelativos que recibe una idea que reta directamente al poder. El único calificativo que acierta sea el que la acusa de resultar «carente de realidad» porqué justamente eso es lo que es una idea constructora de futuro, una idea que carece totalmente de realidad, que incluso prescinde de ella. Manifestar ahora que el destino irrenunciable de todos los seres humanos es alcanzar la unidad desde la libertad individual en íntima armonía con el planeta tierra, resulta ser un enunciado insostenible desde «la realidad» y sin embargo, es quizás el único futuro digno de ser sostenido.

Marià Moreno

Nº 32

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