La Magnitud de las cosas

El Post el Lunes - SoloEl avance de lo humano en la Tierra se mide por el número uno. Es persona a persona.

A menudo parece que la magnitud de las cosas nos inmoviliza, esto parece surgir de manera especial cuando invocamos el “todos” para el ejercicio de una acción que si “todos” hiciéramos nos permitiría vivir en un mundo indudablemente mejor. Es cierto, si “todos” viéramos en el otro mucho más a un amigo que a un enemigo, o por no ponerlo tan difícil, si “todos” llegáramos con una sonrisa al trabajo o a nuestras ocupaciones, quizás esto de vivir en comunidad no fuera tan complicado y de paso quizás tampoco lo fuera nuestra propia vida.

Naíf, ingenuo, o todavía peor: “buenista”, el supremo despectivo recientemente activado para componer la extraña paradoja de dejar del todo claro que ser bueno es malo. Es sencillamente imposible que “todos” demos muestras de humanidad, y entonces como si al hacerlo en vano fuéramos a malgastarlas, las escondemos. Ya lo haríamos, ya, pero no se puede, no seríamos seguidos, los demás no se comportarían así e incluso se aprovecharían de nosotros sin piedad. La enorme magnitud de lo que debería cambiar nos conduce directamente a considerar un desvarío su mera enunciación. Entre tanto, el poder sonríe, logra su gran objetivo una vez más. Aquello que no se puede ni concebir jamás podrá ser creado ni tampoco vivido.

Sin embargo, la magnitud de las cosas no se ha movido nunca de sitio, sigue siendo la misma desde el surgimiento de nuestra especie, aunque haya logrado llegar ya a 7.000 millones de individuos. Es exactamente la misma, la real magnitud de las cosas sigue siendo la que se define por el número uno. El avance de lo humano en la tierra se mide por esa cantidad. Es persona a persona. Nuestra falta de acción no está justificada, tenemos muy a mano cual es esa persona que entregando a los demás su humanidad nos hará avanzar, es la que cada día acude puntual a su cita con nuestro espejo. Es cuestión de quitarle el “todos” de encima, y dejar que acuda sonriendo al trabajo, es probable que quizás sea necesario hacer alguna cosa más, pero no es menos cierto que por algo se empieza.

Marià Moreno

Nº 33

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