Interés particular. Interés colectivo

El Post el Lunes - SoloLa alegría de la suma es infinitamente más humana que el beneficio que puede aportar cualquier resta.  

El acuerdo contra el cambio climático suscrito por China y EE.UU. supone la ejemplar expresión de los límites del mundo viejo. Las dos grandes potencias suscriben un acuerdo que atiende a sus intereses particulares y no a los colectivos, a los del planeta. El foco de lo suscrito tiene en cuenta de manera central el interés de cada uno de sus firmantes, lo que les conviene hacer, y solo marginalmente a lo que debería serlo, las necesidades reales de la Tierra.

Las estructuras y el actuar del mundo viejo no solucionarán ningún problema real, porqué son justamente ellos las causantes de esos problemas. La convención generalizada de que el interés particular es la base del interés colectivo es falsa. Su amplia extensión se corresponde exclusivamente con la generalización de una forma de hacer que caracteriza al poder. El poder solo se atiende a sí mismo y resulta innegable que uno de sus mayores triunfos es convencer a cada persona de que está «sola contra el mundo» para evitar que llegue a pensar que puede «ser una con el mundo».

El mundo nuevo desconocerá la posibilidad de tal alternativa, ya que la acción individual estará siempre orientada al bien común, y esto será así porque nadie pretenderá reinar en el desierto retratado en la película Mad Max (1979), ni aspirará a habitar en el paraíso suspendido mostrado en la mucho más reciente Elysium (2014).  Considerar que desde su libertad el ser humano no puede orientarse permanentemente al bien común, es lo mismo que afirmar que el ser humano es un ser social a su pesar, cuando la realidad es justamente la contraria. El júbilo del ser humano que se siente alineado con lo que es bueno para todos, contrasta vivamente con la sórdida tristeza interior de quién sabe qué lo que ha hecho es simplemente salirse con la suya. La alegría de la suma es infinitamente más humana que el beneficio que puede aportar cualquier resta.

Marià Moreno

Nº 34

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