El Post del Lunes

La construcción espiritual (y 7) – Amor

Es habitual en el Post del Lunes que cuando una de sus series se cierra, en su última entrega aparezca una «(y)» que indica que el post la finaliza. Sin embargo, el último publicado en la serie «La Construcción Espiritual», el 14 de mayo pasado y dedicado al Desapego indicaba tan solo «(6)». Ciertamente faltaba uno. El camino del Post del Lunes ha hecho que sea ahora el momento de culminar la serie, y por lo mismo, y de manera definitiva, esta etapa del Post del Lunes.

El amor, ese acto humano tan cierto como intangible, es la primera manifestación del Espíritu y con ella se convierte en la llama, en el motor generador de la ignición que da paso a la construcción. El amor otorga el primer sentido al propósito, y es a través de él que pueden hacerse presentes los atributos que la componen. Desde su presencia, la Perseverancia, la Paciencia, la Espera, la Confianza, la Facilidad y el Desapego encuentran el cauce que les permite manifestarse. Amar es el primer paso.

El discernimiento realiza su aportación de forma que «amarse a uno mismo» se encuentre presente. Que la entrega a un propósito fielmente a la «bondad para con uno».

La plena conciencia de la permanente presencia de la benevolencia, dentro y fuera, encuentra una expresión sensible en la aparición de la belleza. Los actos y las consecuencias de la construcción la poseen. El amor es la argamasa, el forjador del vínculo que trena toda la construcción y la belleza su inseparable aliada. No amamos todo lo que percibimos como bello, pero sí lo es todo cuanto amamos.

La condición del amor en la Construcción Espiritual es su total ausencia de condiciones. Son la pesada cadena que lastra el propósito espiritual. La existencia y exigencia de requerimientos mina la Perseverancia, destruye la Paciencia, imposibilita la Espera, hunde la Confianza, somete a la Facilidad y desconoce el Desapego.

Expresamos un intento de recapitular lo que hemos expresado respecto a la Construcción Espiritual y su dinámica.

Atributos de la Construcción Espiritual – Aportaciones y Ausencias
Atributo Aportación Ausencia de
Perseverancia Hacer Reiteración consciente de los actos adecuados para conseguir el fin (la construcción) deseada Obstinación (por contener necedad). Desesperanza.

Encendido anhelo del logro

Paciencia Libertad Desliga el trabajo en las causas de una predefinición temporal de la llegada de los efectos Precipitación de la acción ante la imposibilidad de resistir el transcurso del tiempo
Espera Serenidad Estado. Se alcanza cuando el discernimiento aporta la certidumbre de la llegada del fin constructor Ilusión. Fantasía (el discernimiento no actuaría)
Confianza Humildad En las capacidades propias Vanidad. Desafuero. Desatino
Facilidad Camino. Ruta Sostenibilidad. Ausencia / contención de la erosión. Desgaste irreparable
Desapego Integridad Impecabilidad Orgullo
Amor Belleza Argamasa. Vínculo. De condiciones

 

Construcción Espiritual – Acción Espíritu y Discernimiento
Atributos Espíritu / Ser Inmaterial

Génesis inmaterial, propia e interna

Juicio / Discernimiento

Uso permanente

Perseverancia Genera la conciencia de que lo que hace y se repite es adecuado Elige la acción adecuada
Paciencia Acompaña el actuar consciente carente de marcos temporales Comprende que nada puede suceder hasta que no se dan las condiciones que lo hacen posible
Espera Inspira la seguridad íntima que mueve a aguardar a que acontezca. Determina la certidumbre de la llegada del propósito de la construcción
Confianza Estimula el aprendizaje Evalúa las capacidades propias
Facilidad Da sentido al esfuerzo Aporta Transitabilidad. Que el esfuerzo sea operable
Desapego Aporta la conciencia del propio ser Denuncia la presencia del interés malogrador
Amor Prende la llama Aprecia la Bondad para con uno

 

Marià Moreno

El Blog de Marià Moreno

187 ad. Post del lunes – 17.08.18 – La construcción espiritual (y 7) – Amor

¡Hasta siempre!

Deixaré la ciutat que em distreu de l’amor.

                       (Deixaré la ciutat – Joan Salvat-Papasseit)

Dejaré la ciudad que me distrae del amor.

En enero de 2014 me preguntaba si podría sostener un ritmo de publicación semanal. De hecho el Post del Lunes tiene tres antecedentes seguidos ese mismo mes (en jueves), que me hacen pensar que sí, que podría hacerlo.

Anuncié mi decisión en el último de esos posts antecesores:

«Tercer jueves seguido y quizás sí, quizás haya que empezar a pensar en algún día para publicar, y elijo el lunes….aunque el lunes es un mal día para un post ¿No?»

El Post del Lunes nace desde un reto personal: ser capaz de escribir algo semanalmente con un mínimo interés. Considero el reto cumplido en lo que hace a su primera parte. Creo que no puedo decir lo mismo con respecto a la segunda.

Se escribe «para dentro» tanto como se escribe «para fuera». De la misma forma que la búsqueda del equilibrio nos puede traer momentos para hablar y también momentos para callar. Me llega este último y lo acepto, aunque sé que no será de forma absoluta.

Agradecer cada correo de ánimo desde «mi lista», también cada me gusta y cada recomendación en los «benditos» Facebook y LinkedIn. Agradecer, en definitiva, la resonancia desde el otro lado.

¡Gracias!

¡Hasta siempre!

Marià Moreno

11 a 6 ¡Touché!

El Gobierno de España no es el único del mundo con mayoría de mujeres, pero sí lo es con más de un 60% de ministras. Tras un 8 de marzo que nos hizo exclamar ¡Por fin! Nos llega este 11 a 6 que simplemente se merece un impecable ¡Touché!

¡Tocado! Tocado, y ojalá que hundido, un insoportable patriarcado, que por más que hunde sus raíces en el mismo inicio de la historia, no le ha reportado a la humanidad más que la aberrante consideración de que solo estaba formada por la mitad de sus miembros.

En algunas ocasiones el futuro se anticipa, dejándonos entrever qué nos espera. Los agoreros jugadores de ventaja saben mucho de eso, porque su tarea es la de suministrarnos permanentemente pistas falsas de las grandes desgracias que nos esperan si las cosas cambian. Si su feo poder no se mantiene. Pero el futuro puede también rebelarse, como lo ha hecho ahora, y mostrarnos el espléndido horizonte que nos espera si perseveramos. Si dejamos atrás las lacras de la necedad y su pestilente carga de espurios intereses.

Bienvenido sea el instrumento, Pedro Sánchez, que la historia lo reseñe como es debido. Pero más allá del mediador, y del momento, sea sobre todo bienvenido lo que viene detrás de esa playa: el inmenso océano de mujeres que necesitamos para hacer que nuestra especie se contemple a sí misma como lo que la forma: dos géneros y un solo ser humano.

Qué ese océano tome el gobierno, los consejos de administración, los equipos y comités directivos. Todas y cada una de las formas de poder de las que nos hemos dotado. ¡Sí! ¡Que lo tome! por qué nos va a mostrar nuevos caminos.

Con ellas vamos a aprender qué significa realmente colaborar y compartir.

Marià Moreno

¿Volveremos a importar «todos»?

Resulta evidente que a lo largo de la historia el gobernante siempre ha ejercido el poder en favor de su propio bando. Esto es, salvo excepciones, no le ha preocupado lo más mínimo que el resultado de su acción lo fuera en favor de todos.

Sin embargo, el advenimiento de los modelos democráticos basados en el sufragio universal, parecían haber ofrecido un matiz muy importante, en el sentido de investir al elegido de la responsabilidad de representar y gobernar en nombre y favor de «todos». Lo que naturalmente incluía a quiénes no le habían votado.

Con la morosidad propia del paso del tiempo, parece que ese «gobernar para todos» se va diluyendo, al punto de que no solo parece lícito azuzar a unos votantes contra otros durante la campaña electoral, sino que tras acceder al gobierno, sigue estando legitimado menospreciar o ningunear a partes de la población (ya se trate de capas o fracciones de ella o de que se ubique en determinados espacios geográficos)

Este gobernante que solo lo es para una parte, no parece sentir el menor temor ante lo que puede significar su acción. Dejar al margen la que resulta no ser su parte, le parece tan natural como la conocida «visión en túnel», que se deriva de utilizar las redes sociales solo para conectar con quién piensa exactamente como uno mismo. Pero el resultado es el mismo. Se impone el gobierno de los ignorantes, de los que son tan pobres intelectualmente que solo conocen su propio pensamiento y de los que por no conocer más interés que el suyo, resultan un auténtico peligro para el conjunto de la sociedad, o lo que es lo mismo, para el bien realmente común.

¿Volveremos a importar «todos»? Sin duda lo haremos, aunque antes será necesario que, con la profundidad necesaria, volvamos a entender que en una democracia por más que el poder sea otorgado por una parte, solo se legitima cuando la acción de gobierno se esfuerza, una y otra vez, en lograr acuerdos, en tejer redes de convivencia, en poner en valor lo que une y acoger para transformar lo que parece que separa.

Marià Moreno

Belleza y razón

Bello, lla: (1) Que, por la perfección de sus formas, complace a la vista o al oído y, por ext., al espíritu. (RAE) 

Razón: (1) Facultad de discurrir. (RAE)

La belleza, cualidad de lo bello, nos alcanza cuando percibimos algo que es grato a nuestro sentidos. La percibimos, la sentimos, pero raramente podemos razonarla, simplemente «es». La razón se dirige directamente a nuestro intelecto y con él a nuestro raciocinio. Tenemos plena capacidad para expresarla, para describir con el detalle que sea necesario el porqué y la conveniencia de nuestro pensamiento.

La razón encuentra plena explicación en sí misma, mientras la belleza aparece como algo mucho más arbitrario, tan subjetivo como lo es la persona que dice encontrarla en lo que sea que le mueve a otorgar el atributo de bello.

Sin embargo, esa arbitrariedad no es tan cierta. En absoluto. La belleza contiene equilibrio y amor, y es su acción conjunta lo que lleva a nuestros sentidos a proclamar su presencia.

El equilibrio rechaza lo extremo, haciendo que su presencia confiera descanso al espíritu. El reposo de lo equilibrado permite abrir paso a la real capacidad para contemplar al tiempo al observador y a lo observado. Es el «fuera» que nos lleva al «dentro». Es esa mirada la que nos permite reconocer el amor con el que se ha construido lo que contemplamos. La alianza se nos hace evidente y es entonces cuando lo bello simplemente «es».

El extremo, presume de estar dotado de un evidente dinamismo, y, desde él, nos lleva a la atracción de que es capaz de resolver «de una vez» cualquier duda y singularmente cualquier miedo.

Acumulamos, más allá incluso de la saciedad, gobernantes, de lejos y de cerca, anclados en el extremo. Quizás por eso, sus actos, siempre dotados de impecables razones, carecen de la más mínima belleza.

Marià Moreno

183. Post del lunes – 28.05.18 – Belleza y razón

La mirada benevolente

Benévolo: Que tiene buena voluntad o simpatía hacia las personas o sus obras. (RAE)

Señalar que la benevolencia (cualidad propia de la persona benévola), ha sido desterrada de nuestra vida pública no supone más que mencionar lo que es obvio.

En una de las tantas traslaciones que las palabras contienen, actuar «de buena voluntad» en realidad quiere decir que quien así hace es un ingenuo o un cándido, cuando no directamente un bobo o peor aún, un ser débil.

Sin embargo, la mirada benevolente es la única capaz de transcender el abismo que los hechos a menudo construyen. La buena voluntad incluye la disposición a que el resultado sea un «poco menos de lo propio y un poco más de lo del otro». Por eso cuando dos personas dotadas de esa «voluntad buena» se encuentran, lo que sucede es que el equilibrio deja de ser un punto teórico. Pero parece que en este momento únicamente nos importa disponer de dirigentes con «voluntad de hierro», aunque ni en su mirada ni en esa misma voluntad se pueda encontrar el menor rastro de bondad.

Marià Moreno

La construcción espiritual (6) – Desapego

La construcción espiritual se dinamiza en virtud de un propósito, un fin o un estado que se desea alcanzar. Su hacer perseverante, paciente y sereno no resulta ajeno a la voluntad de logro. Sin embargo, con la construcción va también el desapego.

El discernimiento, en relación con el desapego, advierte de la presencia del interés que malogra los frutos que se persiguen. Quién tan solo se orienta a los fines, a menudo no repara en los medios. Cuando los medios se subordinan a los fines, es sencillo determinar que no es posible otorgar ningún sentido espiritual al hacer. Desapegarse de la obtención de los frutos no implica anular su deseo, sino acometer la tarea desde la conciencia de que el camino resulta tan esencial como el destino, y de que es el buen camino quien lleva al buen destino. Lo que resulta imposible si el camino carece de bondad.

El Espíritu, con el desapego, aporta la conciencia del propio ser. Quizás sea el atributo de la construcción espiritual que cuestiona de forma más directa al ego, el gran impostor. Ninguna manifestación egoíca puede acercarse al desapego, porqué son justamente los apegos y singularmente la vanidad y el orgullo quienes determinan su acción. Solo cuando el ser obra con plena conciencia de sí mismo, es capaz de desprenderse de los atavíos que pueden confundir tanto los medios como los fines.

El desapego demanda actuar desde la identidad real del ser, y cuando es así, aporta a la construcción la integridad que acompaña a la impecabilidad.

Es el espíritu, el ser dotado de discernimiento, quien acomete la construcción, manifestando así su voluntad de alcanzar un fin. Es el desapego quién le permite hacer desde sí mismo, dejando atrás las trampas que la máscara egoíca pone en juego.

Marià Moreno

181. Post del lunes – 14.05.18 – La construcción espiritual (6) – Desapego

 

La construcción espiritual (5) – Facilidad

La construcción espiritual contiene un propósito que dinamiza su emprendimiento. Conlleva trabajo en una cantidad incluso elevada. Por tanto, la presencia de la facilidad en la construcción, no puede implicar ni ausencia de esfuerzo ni que la tarea sea escasa o menor, y por lo mismo tampoco que resulte sencilla en su realización.

La facilidad en la construcción espiritual se refiere a que quien la protagoniza siente, en todo momento, que posee lo que le es necesario y que puede renovarlo de manera indefinida. La facilidad implica la sostenibilidad de la tarea dado que su ejecución no erosiona ni menoscaba lo que pone en juego.

La construcción es siempre abundante. Lo que le es esencial o bien permanece en ella siempre o puede ser renovado sin mayor contratiempo. Con la facilidad, el discernimiento está aportando la verificación de que el tránsito es posible, que el esfuerzo resulta operable. Por su parte, el Espíritu confiere «sentido» a la acción.

La construcción espiritual toma de la facilidad la generación del camino, de la ruta a transitar, que resulta posible desde una tarea tan dotada de sentido como exenta de erosión.

Un camino posible, ajeno al desgaste destructor, y con sentido aporta la Facilidad que se materializa en un hacer (Perseverancia), que es libre tras desligar el vínculo temporal de causas y efectos (Paciencia), sereno desde la certidumbre de la llegada del propósito (Espera), y humilde ya que esa es la condición de quién es más aprendiz que maestro (Confianza).

Marià Moreno

La construcción espiritual (4) – Confianza

En la construcción espiritual la confianza subraya la necesidad de la aplicación del juicio. Esto es así por cuanto la confianza supone el convencimiento de poseer las capacidades y habilidades necesarias para lograr el fin deseado. Es el discernimiento quien debe evaluarlas, y es solo tras ese examen que la confianza puede hacerse presente.

La aportación del espíritu se pone de manifiesto cuando ante la evidencia de alguna carencia, impulsa el aprendizaje. La confianza muestra, entonces, la presencia de la humildad, en tanto que condición indispensable para adquirir conocimiento.

La confianza se destruye a si misma si la vanidad la enmascara, por cuanto no será cierto que se posee lo necesario ni tampoco permitirá aprender lo que infundadamente se dice tener o peor aun se esfuerza en ignorar. Asimismo, nacida lejos de cualquier fuente externa, no concibe la expresión del desatino de considerar que algo será dado de manera graciosa. La construcción espiritual nace en el interior y se proyecta hacia afuera, es por ello que no puede recibir nada que no sea capaz de dar primero.

Conocer las propias posibilidades, tanto las que se tienen como las que se pueden alcanzar. Ser más un aprendiz y menos un maestro. Dar y aportar para que fuera resuene lo que ya está dentro. La presencia de la confianza revela todo esto.

Andada algo más de la mitad del camino en la descripción de los atributos de la Construcción Espiritual. Quizás sea bueno realizar una primera recapitulación, con la ayuda de la hasta ahora nada usual presencia de un elemento gráfico en el Post del Lunes.

De manera sintética la imagen nos muestra como el discernimiento aporta lo que considera acciones adecuadas, dotándolas de la firme creencia de que nada llegará hasta que no se den las condiciones. Determina también la certeza de la llegada del propósito, naturalmente vinculado a la reiteración de los actos, al tiempo que aporta la evaluación de si las capacidades y habilidades que se poseen permiten el logro del propósito.

El Espíritu valida las acciones adecuadas al aportar la conciencia de que realmente lo son, mientras desliga las causas y los efectos del yugo temporal. Aporta también el sentimiento necesario para alcanzar el estado de espera y la humildad necesaria para aprender lo necesario.

La confianza es un atributo necesario en el inicio de la construcción, mientras la perseverancia, la paciencia y la espera se muestran (o demuestran) durante su transcurso.

La perseverancia posibilita «el hacer»; la paciencia logra que sea «en libertad»; la espera aporta «la serenidad» y la confianza «la humildad». En conjunto logran alejar de la construcción la obstinación (siempre necia); la desesperanza y el anhelo inmoderado del logro (polaridades invalidantes); la precipitación (inoportuna y derivada de no resistir el paso del tiempo); la ilusión y la fantasía (hijas del no juicio); la vanidad (incapaz de discernir) y el desatino (de pretender recibir sin antes dar, de que fuera se dé lo que no está dentro).

La observación de los atributos de la construcción espiritual seguirá ocupando a este Post en sus próximas entregas, pero sea esta la serie donde se dé la doble novedad de la aparición de una imagen y de una recapitulación intermedia.

Marià Moreno

179. Post del lunes – 30.04.18 – La construcción espiritual (4) – Confianza

La construcción espiritual (3) – Espera

Como toda construcción humana, la espiritual nace desde un propósito o fin deseado. Adquiere su calificativo por su capacidad de combinar una génesis inmaterial, propia e interna, con el uso permanente del juicio o discernimiento, al tiempo que pone en juego un conjunto de atributos estrechamente vinculados con el espíritu.

La espera es un estado. En la construcción espiritual se corresponde con el instante en el que el discernimiento determina la certidumbre de la llegada del propósito que la moviliza. Es un estado en el que, alcanzada la seguridad íntima, no cabe más que literalmente aguardar a que acontezca.

La perseverancia es el actuar consciente de que lo que se hace y repite es lo adecuado. Siendo la paciencia la que desliga las causas de una predefinición temporal de la percepción de los efectos. La espera aporta a una y otra certeza, y con ella serenidad.

El estado de espera se desmarca de cualquier perspectiva ilusoria, ya que en ese caso el discernimiento no podría actuar, al tiempo que su manifestación solo puede ser recogida por la percepción interna. La expresión que la caracteriza: «siento que será», se manifiesta desde la acción perseverante y paciente y el juicio respecto a lo hecho y por hacer.

Cuando percibimos en alguien un perseverante y paciente hacer sereno. Lo que vemos nos «toca». Quizás solo se trate de la modesta tarea de un artesano pero nos transmite algo que quizás incluso no llegamos a definir. Estamos sintiendo algo que acompaña a la construcción espiritual, también lo es, porque habiendo nacido en el espíritu de un ser humano, encuentra acogida y resonancia en ese mismo ser inmaterial que mora en el interior de todos los miembros de su especie.

Marià Moreno

178. Post del lunes – 23.04.18 – La construcción espiritual (3) – Espera