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La construcción espiritual (4) – Confianza

En la construcción espiritual la confianza subraya la necesidad de la aplicación del juicio. Esto es así por cuanto la confianza supone el convencimiento de poseer las capacidades y habilidades necesarias para lograr el fin deseado. Es el discernimiento quien debe evaluarlas, y es solo tras ese examen que la confianza puede hacerse presente.

La aportación del espíritu se pone de manifiesto cuando ante la evidencia de alguna carencia, impulsa el aprendizaje. La confianza muestra, entonces, la presencia de la humildad, en tanto que condición indispensable para adquirir conocimiento.

La confianza se destruye a si misma si la vanidad la enmascara, por cuanto no será cierto que se posee lo necesario ni tampoco permitirá aprender lo que infundadamente se dice tener o peor aun se esfuerza en ignorar. Asimismo, nacida lejos de cualquier fuente externa, no concibe la expresión del desatino de considerar que algo será dado de manera graciosa. La construcción espiritual nace en el interior y se proyecta hacia afuera, es por ello que no puede recibir nada que no sea capaz de dar primero.

Conocer las propias posibilidades, tanto las que se tienen como las que se pueden alcanzar. Ser más un aprendiz y menos un maestro. Dar y aportar para que fuera resuene lo que ya está dentro. La presencia de la confianza revela todo esto.

Andada algo más de la mitad del camino en la descripción de los atributos de la Construcción Espiritual. Quizás sea bueno realizar una primera recapitulación, con la ayuda de la hasta ahora nada usual presencia de un elemento gráfico en el Post del Lunes.

De manera sintética la imagen nos muestra como el discernimiento aporta lo que considera acciones adecuadas, dotándolas de la firme creencia de que nada llegará hasta que no se den las condiciones. Determina también la certeza de la llegada del propósito, naturalmente vinculado a la reiteración de los actos, al tiempo que aporta la evaluación de si las capacidades y habilidades que se poseen permiten el logro del propósito.

El Espíritu valida las acciones adecuadas al aportar la conciencia de que realmente lo son, mientras desliga las causas y los efectos del yugo temporal. Aporta también el sentimiento necesario para alcanzar el estado de espera y la humildad necesaria para aprender lo necesario.

La confianza es un atributo necesario en el inicio de la construcción, mientras la perseverancia, la paciencia y la espera se muestran (o demuestran) durante su transcurso.

La perseverancia posibilita «el hacer»; la paciencia logra que sea «en libertad»; la espera aporta «la serenidad» y la confianza «la humildad». En conjunto logran alejar de la construcción la obstinación (siempre necia); la desesperanza y el anhelo inmoderado del logro (polaridades invalidantes); la precipitación (inoportuna y derivada de no resistir el paso del tiempo); la ilusión y la fantasía (hijas del no juicio); la vanidad (incapaz de discernir) y el desatino (de pretender recibir sin antes dar, de que fuera se dé lo que no está dentro).

La observación de los atributos de la construcción espiritual seguirá ocupando a este Post en sus próximas entregas, pero sea esta la serie donde se dé la doble novedad de la aparición de una imagen y de una recapitulación intermedia.

Marià Moreno

179. Post del lunes – 30.04.18 – La construcción espiritual (4) – Confianza

La construcción espiritual (3) – Espera

Como toda construcción humana, la espiritual nace desde un propósito o fin deseado. Adquiere su calificativo por su capacidad de combinar una génesis inmaterial, propia e interna, con el uso permanente del juicio o discernimiento, al tiempo que pone en juego un conjunto de atributos estrechamente vinculados con el espíritu.

La espera es un estado. En la construcción espiritual se corresponde con el instante en el que el discernimiento determina la certidumbre de la llegada del propósito que la moviliza. Es un estado en el que, alcanzada la seguridad íntima, no cabe más que literalmente aguardar a que acontezca.

La perseverancia es el actuar consciente de que lo que se hace y repite es lo adecuado. Siendo la paciencia la que desliga las causas de una predefinición temporal de la percepción de los efectos. La espera aporta a una y otra certeza, y con ella serenidad.

El estado de espera se desmarca de cualquier perspectiva ilusoria, ya que en ese caso el discernimiento no podría actuar, al tiempo que su manifestación solo puede ser recogida por la percepción interna. La expresión que la caracteriza: «siento que será», se manifiesta desde la acción perseverante y paciente y el juicio respecto a lo hecho y por hacer.

Cuando percibimos en alguien un perseverante y paciente hacer sereno. Lo que vemos nos «toca». Quizás solo se trate de la modesta tarea de un artesano pero nos transmite algo que quizás incluso no llegamos a definir. Estamos sintiendo algo que acompaña a la construcción espiritual, también lo es, porque habiendo nacido en el espíritu de un ser humano, encuentra acogida y resonancia en ese mismo ser inmaterial que mora en el interior de todos los miembros de su especie.

Marià Moreno

178. Post del lunes – 23.04.18 – La construcción espiritual (3) – Espera

La construcción espiritual (2) – Paciencia

La paciencia, la capacidad de «saber esperar», forma parte de la construcción espiritual al aplicar el discernimiento al tiempo. Es este quién dota tanto de contenido como de sentido a la paciencia, dado que solo la podemos apreciar a través de su paso. Sin duda, «si no hay tiempo», no resulta posible hablar de paciencia.

La paciencia se conecta íntimamente con el manejo del paso del tiempo. Resulta claro en la polaridad alternativa. El calificativo de «impaciente», se lo damos a quién precipita su acción ante su imposibilidad de resistir el transcurso del tiempo. Podemos anotar también que la unidad de medida resulta siempre relativa, la acción impaciente puede darse por no haber aguardado segundos, minutos, horas, días, semanas, meses o años.

En su perspectiva temporal, el discernimiento aplicado a la construcción espiritual va con una creencia central: «Nada puede suceder hasta que no se dan las condiciones que lo hacen posible». Como consecuencia, la paciencia desliga el trabajo en las causas de una predefinición temporal de la llegada de los efectos.

La perseverancia y la paciencia son la primera y necesaria carga de la construcción espiritual, por cuanto se unen para sostener un actuar consciente carente de marcos temporales, y por ello, ciertamente libre.

Marià Moreno

La construcción espiritual (1) – Perseverancia

Si el espíritu es un «Ser inmaterial y dotado de razón» (RAE). La construcción espiritual es la que está animada por un motor intangible, propio e interno, al tiempo que está provista de juicio y discernimiento.

La perseverancia es uno de los atributos de la construcción espiritual. Nuevamente, el recurso de la RAE nos la trae como «el mantenimiento constante en la prosecución de lo comenzado, en una actitud o en una opinión». La perseverancia vinculada a la construcción espiritual, se refiere a la reiteración consciente de los actos que consideramos adecuados para conseguir el fin (la construcción) deseada.

Es el discernimiento, el juicio, quién determina que la acción que debemos protagonizar es la adecuada. Pero el conocimiento del camino no implica su tránsito. Por supuesto, puede perseverarse en la ruta equivocada: «errare humanum est«. Si bien nunca puede devenir en obstinación, ya que está contiene necedad, algo ausente de la perseverancia.

Pese a perseguir un fin determinado, la perseverancia no se alimenta ni de la esperanza ni del encendido anhelo del logro. Es por ello que jamás desespera. Su naturaleza espiritual se define por su actuar desde lo intangible con la conciencia de que lo que hace y repite es lo adecuado. Obviamente en sí misma no engendra bondad ni maldad.

Sin embargo, parece claro que no es posible levantar sin ella una construcción espiritual. El primer revés sería el último en ese viaje.

Marià Moreno

176. Post del lunes – 09.04.18 – La construcción espiritual (1) – Perseverancia

Mujeres en la calle

España es el lugar del mundo donde mayor repercusión ha tenido la decidida acción de las mujeres. La conversión de una jornada que algunos querrían conmemorativa en una profundamente reivindicativa. Bienvenido sea ese podio. No estuvieron solas, muchos hombres quisieron compartir su grito, porque es de todos.

Un “hombre de la calle” es un ciudadano normal, corriente. Incluso suena bien. Una “mujer de la calle” quiere decir también algo muy distinto. De una vez por todas es el momento de que juntos gritemos: ¡Basta ya!

¿Cuánto tiempo más tiene que pasar para que la femenina «persona» signifique lo mismo que el masculino «ser humano»? No resulta suficiente que el diccionario lo diga, que ya lo dice. Lo deben demostrar nuestros hechos.

La Humanidad es la exacta conjunción de los dos géneros que la componen. Cualquier acción o disposición que impida que una mujer o un hombre alcancen su pleno desarrollo vital, basándose en el mero hecho de su género, supone un flagrante delito de «lesa humanidad». La más completa perversión de cualquier mandato ético, cívico o espiritual.

No hay ninguna razón, ni enseñanza ni tampoco tradición, que merezca ser sostenida sin con ella va la más mínima aprobación de la postergación de la mujer. Y si para enviarlas todas al más remoto pasado, las mujeres asaltan las calles, las oficinas y los ministerios. Que sea en buena hora. Todos debemos estar allí, juntos, con ellas. Con palabras y hechos.

Marià Moreno

173. Post del lunes – 12.03.18 – Mujeres en la calle

«Re-Nacimiento»

Si algo nos parece literalmente imposible es volver a nacer. Nuestro imperativo biológico, el del ser humano, nos indica con claridad que solo hay un nacimiento y solo una muerte.

Pero no es cierto, no al menos en la segunda proposición: «una sola muerte». Es probable que muchos de nosotros hayamos recibido la noticia de nuestra muerte, sin que eso haya afectado a nuestra capacidad para seguir respirando. Lo que ha sucedido es que hemos sentido que moríamos porque aquél que éramos ya no podía seguir con nosotros. La causa del impacto es tan diversa como lo es la propia vida. La profundidad de la herida puede resultar insoportable, tanto como para considerar que no hay nada que hacer, especialmente si el resultado se sitúa en el extremo que marca la pérdida del amor por uno mismo.

Si aceptamos que dejar de querernos es una forma de «morir en vida», parece razonable que podamos «nacer en vida». Una vez más las cosas humanas no resultan sencillas, pero es necesario contraponer a la radical afirmación: «no me quiero», otra que abre puertas: «puedo quererme», que nos dice que sí tenemos el poder necesario para amarnos.

Si nuestro nacimiento es el fruto del amor del Cielo y de la Tierra. Nuestro «Re-Nacimiento» tiene el mismo objeto: alumbrar a un ser que desde el amor a sí mismo pueda ofrecerlo a los demás.

Ciertamente, nuestro «Re-Nacimiento» será acaso el mayor de nuestros actos posibles. Volver a amarnos desde el desamor. Cruzar la oscuridad para alcanzar la luz. Será bueno entonces recordar lo que ya hicimos una vez: confiar en que nuestros pulmones sabrían que hacer con el aire que se le ofrecía. Lo hicieron porque sabían que podían hacerlo, aunque hasta ese instante nunca lo hubieran hecho.

Marià Moreno

160. Post del lunes – 27.11.17 – Re-Nacimiento

La revolución: algo personal

El siempre útil diccionario de la RAE nos dice que la primera acepción de «revolución» es: Acción y efecto de revolver o revolverse, y desde luego ya va siendo más que hora de «revolverse».

En general, los ciudadanos del mundo, por su acción democrática o desde la forzada represión, dejan a sus gobernantes el manejo de los asuntos comunes. Ese sueño de la razón engendra monstruos como los actuales gobernantes de EE.UU o Rusia o que una dictadura sea la nueva potencia mundial. Es la misma que se niega a confesar el número de ejecutados por la pena capital en su territorio, y también la que ahora es la campeona contra el Cambio Climático y por tanto de nuestra esperanza (sic).

A la luz de lo que vamos viendo (y soportando), parece como si en todo el planeta, la obtención de un acta de representante popular otorgue un especial permiso para insultar, degradar, estimular las pasiones negativas y que solo sea posible afirmar lo propio negando todo lo demás. Son personajes que otorgan el mismo valor a la verdad que a la mentira, que negarían hasta la existencia del Sol si encontraran la frase adecuada para hacerlo. Frase, que, sin duda, están buscando.

¡Sí! Es hora de revolverse.

Es una cuestión personal. No hay que seguir buscando la piedra filosofal que hará que una espectacular reacción de miles de millones de seres convierta por fin este planeta en la casa común de la humanidad. No, la cuestión puede ser algo más sencilla, quizás no más fácil, pero desde luego, bastante menos compleja.

Se trata de elegir nuestro mejor espejo, y quizás nuestra silla más cómoda. Sentarse delante y formular un par de preguntas:

«Oye, para ti, que soy yo, ¿Qué significa una persona? ¿Qué significan las personas?»

Después es cuestión de dejarse llevar por el diálogo. Si lo que aparece es que las personas, más allá de las de la familia, sí importan. Si como resultado de eso brota una decisión, aunque sea tímida, de poner a la persona, a las personas, en el centro. De pensar que podemos ser algo más amables, un poco más comprensivos, un pelo más solidarios. Si eso emerge, el habitante del espejo está empezando a revolverse, a hacer de la revolución algo personal.

Ya solo quedar salir y encarnar la imagen, experimentar con ella, vivirla. Desde el sano convencimiento de que la revolución no va a venir de otro lugar del que ha estado siempre: Frente a nosotros, en nuestro espejo.

Marià Moreno

159. Post del lunes – 20.11.17 – La revolución- algo personal