11 a 6 ¡Touché!

El Gobierno de España no es el único del mundo con mayoría de mujeres, pero sí lo es con más de un 60% de ministras. Tras un 8 de marzo que nos hizo exclamar ¡Por fin! Nos llega este 11 a 6 que simplemente se merece un impecable ¡Touché!

¡Tocado! Tocado, y ojalá que hundido, un insoportable patriarcado, que por más que hunde sus raíces en el mismo inicio de la historia, no le ha reportado a la humanidad más que la aberrante consideración de que solo estaba formada por la mitad de sus miembros.

En algunas ocasiones el futuro se anticipa, dejándonos entrever qué nos espera. Los agoreros jugadores de ventaja saben mucho de eso, porque su tarea es la de suministrarnos permanentemente pistas falsas de las grandes desgracias que nos esperan si las cosas cambian. Si su feo poder no se mantiene. Pero el futuro puede también rebelarse, como lo ha hecho ahora, y mostrarnos el espléndido horizonte que nos espera si perseveramos. Si dejamos atrás las lacras de la necedad y su pestilente carga de espurios intereses.

Bienvenido sea el instrumento, Pedro Sánchez, que la historia lo reseñe como es debido. Pero más allá del mediador, y del momento, sea sobre todo bienvenido lo que viene detrás de esa playa: el inmenso océano de mujeres que necesitamos para hacer que nuestra especie se contemple a sí misma como lo que la forma: dos géneros y un solo ser humano.

Qué ese océano tome el gobierno, los consejos de administración, los equipos y comités directivos. Todas y cada una de las formas de poder de las que nos hemos dotado. ¡Sí! ¡Que lo tome! por qué nos va a mostrar nuevos caminos.

Con ellas vamos a aprender qué significa realmente colaborar y compartir.

Marià Moreno

¿Volveremos a importar «todos»?

Resulta evidente que a lo largo de la historia el gobernante siempre ha ejercido el poder en favor de su propio bando. Esto es, salvo excepciones, no le ha preocupado lo más mínimo que el resultado de su acción lo fuera en favor de todos.

Sin embargo, el advenimiento de los modelos democráticos basados en el sufragio universal, parecían haber ofrecido un matiz muy importante, en el sentido de investir al elegido de la responsabilidad de representar y gobernar en nombre y favor de «todos». Lo que naturalmente incluía a quiénes no le habían votado.

Con la morosidad propia del paso del tiempo, parece que ese «gobernar para todos» se va diluyendo, al punto de que no solo parece lícito azuzar a unos votantes contra otros durante la campaña electoral, sino que tras acceder al gobierno, sigue estando legitimado menospreciar o ningunear a partes de la población (ya se trate de capas o fracciones de ella o de que se ubique en determinados espacios geográficos)

Este gobernante que solo lo es para una parte, no parece sentir el menor temor ante lo que puede significar su acción. Dejar al margen la que resulta no ser su parte, le parece tan natural como la conocida «visión en túnel», que se deriva de utilizar las redes sociales solo para conectar con quién piensa exactamente como uno mismo. Pero el resultado es el mismo. Se impone el gobierno de los ignorantes, de los que son tan pobres intelectualmente que solo conocen su propio pensamiento y de los que por no conocer más interés que el suyo, resultan un auténtico peligro para el conjunto de la sociedad, o lo que es lo mismo, para el bien realmente común.

¿Volveremos a importar «todos»? Sin duda lo haremos, aunque antes será necesario que, con la profundidad necesaria, volvamos a entender que en una democracia por más que el poder sea otorgado por una parte, solo se legitima cuando la acción de gobierno se esfuerza, una y otra vez, en lograr acuerdos, en tejer redes de convivencia, en poner en valor lo que une y acoger para transformar lo que parece que separa.

Marià Moreno

Belleza y razón

Bello, lla: (1) Que, por la perfección de sus formas, complace a la vista o al oído y, por ext., al espíritu. (RAE) 

Razón: (1) Facultad de discurrir. (RAE)

La belleza, cualidad de lo bello, nos alcanza cuando percibimos algo que es grato a nuestro sentidos. La percibimos, la sentimos, pero raramente podemos razonarla, simplemente «es». La razón se dirige directamente a nuestro intelecto y con él a nuestro raciocinio. Tenemos plena capacidad para expresarla, para describir con el detalle que sea necesario el porqué y la conveniencia de nuestro pensamiento.

La razón encuentra plena explicación en sí misma, mientras la belleza aparece como algo mucho más arbitrario, tan subjetivo como lo es la persona que dice encontrarla en lo que sea que le mueve a otorgar el atributo de bello.

Sin embargo, esa arbitrariedad no es tan cierta. En absoluto. La belleza contiene equilibrio y amor, y es su acción conjunta lo que lleva a nuestros sentidos a proclamar su presencia.

El equilibrio rechaza lo extremo, haciendo que su presencia confiera descanso al espíritu. El reposo de lo equilibrado permite abrir paso a la real capacidad para contemplar al tiempo al observador y a lo observado. Es el «fuera» que nos lleva al «dentro». Es esa mirada la que nos permite reconocer el amor con el que se ha construido lo que contemplamos. La alianza se nos hace evidente y es entonces cuando lo bello simplemente «es».

El extremo, presume de estar dotado de un evidente dinamismo, y, desde él, nos lleva a la atracción de que es capaz de resolver «de una vez» cualquier duda y singularmente cualquier miedo.

Acumulamos, más allá incluso de la saciedad, gobernantes, de lejos y de cerca, anclados en el extremo. Quizás por eso, sus actos, siempre dotados de impecables razones, carecen de la más mínima belleza.

Marià Moreno

183. Post del lunes – 28.05.18 – Belleza y razón

La mirada benevolente

Benévolo: Que tiene buena voluntad o simpatía hacia las personas o sus obras. (RAE)

Señalar que la benevolencia (cualidad propia de la persona benévola), ha sido desterrada de nuestra vida pública no supone más que mencionar lo que es obvio.

En una de las tantas traslaciones que las palabras contienen, actuar «de buena voluntad» en realidad quiere decir que quien así hace es un ingenuo o un cándido, cuando no directamente un bobo o peor aún, un ser débil.

Sin embargo, la mirada benevolente es la única capaz de transcender el abismo que los hechos a menudo construyen. La buena voluntad incluye la disposición a que el resultado sea un «poco menos de lo propio y un poco más de lo del otro». Por eso cuando dos personas dotadas de esa «voluntad buena» se encuentran, lo que sucede es que el equilibrio deja de ser un punto teórico. Pero parece que en este momento únicamente nos importa disponer de dirigentes con «voluntad de hierro», aunque ni en su mirada ni en esa misma voluntad se pueda encontrar el menor rastro de bondad.

Marià Moreno

La construcción espiritual (6) – Desapego

La construcción espiritual se dinamiza en virtud de un propósito, un fin o un estado que se desea alcanzar. Su hacer perseverante, paciente y sereno no resulta ajeno a la voluntad de logro. Sin embargo, con la construcción va también el desapego.

El discernimiento, en relación con el desapego, advierte de la presencia del interés que malogra los frutos que se persiguen. Quién tan solo se orienta a los fines, a menudo no repara en los medios. Cuando los medios se subordinan a los fines, es sencillo determinar que no es posible otorgar ningún sentido espiritual al hacer. Desapegarse de la obtención de los frutos no implica anular su deseo, sino acometer la tarea desde la conciencia de que el camino resulta tan esencial como el destino, y de que es el buen camino quien lleva al buen destino. Lo que resulta imposible si el camino carece de bondad.

El Espíritu, con el desapego, aporta la conciencia del propio ser. Quizás sea el atributo de la construcción espiritual que cuestiona de forma más directa al ego, el gran impostor. Ninguna manifestación egoíca puede acercarse al desapego, porqué son justamente los apegos y singularmente la vanidad y el orgullo quienes determinan su acción. Solo cuando el ser obra con plena conciencia de sí mismo, es capaz de desprenderse de los atavíos que pueden confundir tanto los medios como los fines.

El desapego demanda actuar desde la identidad real del ser, y cuando es así, aporta a la construcción la integridad que acompaña a la impecabilidad.

Es el espíritu, el ser dotado de discernimiento, quien acomete la construcción, manifestando así su voluntad de alcanzar un fin. Es el desapego quién le permite hacer desde sí mismo, dejando atrás las trampas que la máscara egoíca pone en juego.

Marià Moreno

181. Post del lunes – 14.05.18 – La construcción espiritual (6) – Desapego

 

La construcción espiritual (5) – Facilidad

La construcción espiritual contiene un propósito que dinamiza su emprendimiento. Conlleva trabajo en una cantidad incluso elevada. Por tanto, la presencia de la facilidad en la construcción, no puede implicar ni ausencia de esfuerzo ni que la tarea sea escasa o menor, y por lo mismo tampoco que resulte sencilla en su realización.

La facilidad en la construcción espiritual se refiere a que quien la protagoniza siente, en todo momento, que posee lo que le es necesario y que puede renovarlo de manera indefinida. La facilidad implica la sostenibilidad de la tarea dado que su ejecución no erosiona ni menoscaba lo que pone en juego.

La construcción es siempre abundante. Lo que le es esencial o bien permanece en ella siempre o puede ser renovado sin mayor contratiempo. Con la facilidad, el discernimiento está aportando la verificación de que el tránsito es posible, que el esfuerzo resulta operable. Por su parte, el Espíritu confiere «sentido» a la acción.

La construcción espiritual toma de la facilidad la generación del camino, de la ruta a transitar, que resulta posible desde una tarea tan dotada de sentido como exenta de erosión.

Un camino posible, ajeno al desgaste destructor, y con sentido aporta la Facilidad que se materializa en un hacer (Perseverancia), que es libre tras desligar el vínculo temporal de causas y efectos (Paciencia), sereno desde la certidumbre de la llegada del propósito (Espera), y humilde ya que esa es la condición de quién es más aprendiz que maestro (Confianza).

Marià Moreno