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En la calle – Crónicas del Coronavirus (8)

Esta tarde he ido al súper, es lo que se tiene que hacer cuando uno vive solo, y cuando lo hace acompañado, también. Tengo mis rituales. Justo enfrente de la puerta del súper, al otro lado de la amplia acera, hay un banco. Si hay suerte y no está ocupado, me siento en él y me fumo un purito. Se trata de una de esas recompensas absurdas que los fumadores tenemos.

Instalado, he desviado mi mirada hacia la izquierda por unos instantes, y al hacerlo, de manera natural, después hacia la derecha, me ha sorprendido la aparición, para mí súbita, de un coche aparcado encima de la acera. Apenas a un metro y medio mío. Eso siempre preludia una corta estancia.

En seguida, del coche salen dos mujeres y un niño. Él es tan pequeño que se tiene de pié y poco más, va más en brazos que otra cosa. Es posible entender que la mujer más mayor (aunque de moderno porte) es la madre de la más joven que a su vez es la madre del infante. Tres generaciones a la vista, algo que siempre es grato de contemplar. Se paran ante el portal de al lado del súper. No tarda nada en aparecer una pareja, de edad, de toda edad ¡Bueno! Ya no son  tres generaciones sino cuatro las que están ante mí. Algo todavía mucho más difícil de ver. El purito se consume pero yo me quedo.

No hay besos, no hay abrazos, apenas un extraño movimiento en torno al codo. No lo habitual, sino algo que quiere ser otra cosa. Queda claro, el encuentro es allí, en la calle. Por alguna razón no pueden subir al piso. Allí están todos, unos frente a otros, parados, sin tocarse. Lo dicen en voz suficientemente alta para que pueda oírlo: parece ser que el pequeñín no reconoce a los abuelos (a los bisabuelos). Intentan bromear sobre eso. Después, la madre, de unos 30 años, se pone a picar de palmas, abuela y bisabuelos le siguen, el niño también. La madre danza alrededor de su hijo que por fin mueve su exiguo esqueleto. Esta es la fiesta que podían tener, y es la que han tenido.

La breve reunión se va a disolver, pero antes el niño se siente atraído por la cercana entrada del súper, hacia allá va con su madre pegado a él. Es el momento que la abuela aprovecha para besar y acariciar, sin recato, a los bisabuelos, es el momento en que una hija besa y acaricia a sus padres. Después de tanta contención, me he emocionado.

¿Seré arrojado a la hoguera por celebrar el triunfo de la humanidad? Porqué esos besos y caricias, tan prohibidos, tan desaconsejados, suponen eso, el triunfo de nuestra humanidad, de la que llevamos cosida a nuestras entrañas. La misma que ahora tenemos que defender, y no precisamente ante un virus.

Si me queman, espero serlo solo en efigie, resulta mucho más llevadero. Pero sea por siempre bendita esa hija que ha besado a sus padres, en la calle, de pié, casi furtivamente, como ha podido.

13. MasAllaDelLunes – Cr. Cor. 8 – En la calle – 26.10.20

Esto no es una novela – Crónicas del Coronavirus (7)

No es extraño que una novela se inicie con un primer párrafo, cuyo objetivo es “ponernos en situación”: “Un virus se extendió por todo el planeta, contagió a millones de personas y mató sin remedio a centenares de miles. La economía se paralizó de una forma impensable, pero lo que cambió nuestra manera de vivir, fue que la fórmula para combatir la plaga se basó primero en el confinamiento en casa y después en lo que se llamó distanciamiento social. En nombre de la alerta sanitaria se refinaron las formas de seguimiento y control de la población, también en su nombre las libertades individuales se convirtieron en algo que tan pronto estaban como podían no estar”.

Sabemos que esto no es una novela. Es lo que, con matices en los diferentes territorios, estamos viviendo. Sin embargo, no hace falta este apunte de realidad. Esto nunca podría ser una novela, a riesgo de caer en graves defectos en la estructura de la historia que se pretende narrar.

En nuestro párrafo, observamos que se omite el origen. En una novela no podría ser así. Una novela respeta la ley de causa y efecto, si no lo hace, su lector irá de desconcierto en desconcierto. Si por ejemplo, en un relato, el efecto fuera un encadenado imparable de desastres naturales, podría mencionarse que la avaricia y la codicia de los más ricos habían llevado el planeta al colapso. El efecto es el desastre y la causa, la avaricia y la codicia. Todo está claro y el lector puede entender que está leyendo.

Asimismo, lo habitual en una introducción así, es que se trate de una narración que alguien hace de los hechos. Ese personaje pertenecerá a lo que comúnmente se denomina “la resistencia”. Sin tensión no hay novela. La resistencia la forman los que entenderemos por “los buenos”. Su existencia se justifica porque es evidente que están pasando cosas graves, ante las que hay que “resistirse”.

La estructura queda definida y completa. Los “malos” han causado el problema y siguen gobernando, y los “buenos” se resisten, aspirando, además, a generar un nuevo y mucho mejor orden mundial. En la novela los “malos” podrían no gobernar a “las claras”, sino más bien desde la sombra.

Se dice, con razón, que la realidad siempre supera a la ficción, pero resulta un tanto sorprendente, que en este caso contenga un incumplimiento elemental de una ley universal. El efecto lo vivimos, lo conocemos sobradamente, pero no hay causa. No la hay mientras se alegue no conocerla. Pero es imposible que no la haya. Ni el mismísimo COVID-19 se puede saltar el funcionamiento del Universo.

La ausencia de resistencia se deriva de manera lógica de esa misma falta de causa. Mientras no se conozca, parece muy difícil señalar a alguien contra quien resistirse. Por el momento, y eso es lo más juicioso, todos tratamos de combatir la enfermedad cumpliendo los mandatos sanitarios.

Quizás un día el COVID-19 sea novelado desde la perspectiva que hemos apuntado, pero para entonces, la narración exige que se solucione la cuestión del origen. Algo que quizás también piden millones de personas atrapadas en un gigantesco efecto, sobre cuya causa no se ha dicho nada que pueda recibir el calificativo de ser expuesto “a ciencia cierta”.

Marià Moreno

12. MasAllaDelLunes – Cr. Cor. (7) – Esto no es una novela – 14.06.20

La inconcebible magnitud – Crónicas del Coronavirus (6)

Esta crónica no es un buen escaparate para las llamadas teorías conspiratorias, a su autor le parecen, muy a menudo, cuentos para adultos sin mayor argumento que el de un ingenuo cuento infantil. Sin embargo, educado en la tradicional racional del pensamiento nacido en Grecia y difundido por Roma, no puede dejar de formularse preguntas ante lo que le rodea y observa. Sobre todo cuando por toda respuesta obtiene una apelación a la casualidad, o es remitido a la azarosa mutación de un ser capaz de matar en masa, al que no parece faltarle inteligencia o incluso astucia (José María Ordovás).

No es cuestión de añadir nuevas páginas al tratado acerca de la existencia del azar, que se empeña en refutar el principio hermético que sustenta la Ley de Causa y Efecto. Tan solo de formular nuestra pregunta: ¿La magnitud de los acontecimientos, de los efectos, puede delatar la existencia de una causa inteligente, o, es una variable independiente que no implica autoría? Esto es, ¿El volumen ni niega ni afirma que el  azar pueda causarlo todo?

La magnitud de lo aportado por el COVID-19, resulta definitivamente inconcebible. Ya es difícil determinar la cuantía de las personas confinadas, diversas fuentes citan entre 3.000 y 4.000 millones, o lo que es lo mismo, un tercio, el 40% o la mitad de la Humanidad. Pero las personas retenidas son tan solo un primer efecto, que tras convertirse en causa, genera una pluralidad de repercusiones que nos llevan directamente al resultado de lo que está suponiendo esta pandemia.

La economía, tan obediente solo de sí misma, se apuntará la primera en el momento de relatar su alcance. Una vez más el PIB, se exhibirá como elemento central que todo lo mide en nuestras sociedades. Se le agregarán las cifras de nuevos parados y el número de empresas cerradas y se sazonará con la caída del volumen del comercio y el turismo. Todo junto servirá para saldar las cuentas del impacto. Nada se dirá de las transacciones financieras, dado que el 99% de ellas son especulativas, han seguido gozando de una salud operativa envidiable.

Pero la economía es tan solo una parte, y sin querer descuidar la falta de escuela o de la exposición a la cultura en vivo ¿Quién se atreve a imaginar el número y la variedad de hilos de vida truncados? Por la misma orden y en el mismo instante, han sido inmolados encuentros, proyectos, diseños, anhelos, esperanzas y hasta amores. ¿Cuántos serán reemprendidos? ¿Cuántas existencias han quedado definitivamente alteradas?.

No es posible imaginarlo, es por tanto, y lo repetimos, ciertamente inconcebible. Cuando la mirada sobre el tronco central del gran río de un estado, observa sus afluentes, y a los que también lo son de ellos, y sigue más y más allá hasta que nos alcanza a nosotros, que no somos más que sus modestos riachuelos. Cuando eso pasa, el calificativo para la magnitud del COVID-19 deviene imposible, porque la palabra “colosal” se inventó para definir algo infinitamente más modesto.

Si la casualidad ha hecho todo esto. Si eso es en lo que debemos convenir ¡Sea! Al cabo si no es así, si tuviera autoría. Lo que seguiría resultaría tan y tan inquietante: ¿Quién es el autor? ¿Qué poder maneja? ¿Con qué fin? Que ciertamente, resulta mejor, mucho mejor, obviarlo.

Marià Moreno

11. MasAllaDelLunes – Cr. Cor. (6) – La inconcebible magnitud – 24.05.20

El mundo en la cabeza (caber)

Demasiado complejo, vasto, diverso o simplemente ininteligible. Esas son las bienintencionadas excusas que nos exoneran de que “el mundo nos quepa en la cabeza”. Irredentos transformadores, optamos por especializarnos:  “nueva economía; “cambio climático; “igualdad de género” o “educación” e incluso “revolución espiritual”. Se convierten en nuestras particulares divisas para lograr que “otro mundo sea posible”. Soñamos (y el verbo está bien empleado), con el hecho de que una de ellas sea la palanca decisiva que mueva todo lo demás.

Cualquier observación, hasta la más benévola, de la realidad mundial tiene por fuerza que llegar a una obvia conclusión: “no pierdan el tiempo en mejorar nada, si de verdad quieren lograr algo, simplemente deben borrarlo todo, eliminarlo. Hacer que el viento de la Historia lo entierre en la ciénaga más profunda del último rincón del Universo.

El Juego, diseñado y establecido por el Poder, ha alcanzado una fase tan terminal como inesperada: Nadie está al mando. Apenas llegan noticias de las proezas de personajes de nula altura intelectual y peor moral, que dotados de una ignorancia insuperable, creen estar erigiendo un nuevo orden. Cuando en realidad lo único que están haciendo es dar inútiles manotazos de ahogado. Su mundo ya ha muerto, carece del más mínimo futuro. Nuestro problema es que esos manotazos son los mismos que dan la estocada final a un mundo que también es el nuestro. No tenemos otro.

El primero de los Principios Herméticos determina que “El TODO es mente; el universo es mental”. Que nada que no haya sido pensado antes puede devenir real. Si este mundo no nos cabe en la cabeza ¿Cómo vamos a ser capaces de concebir otro? Nos entregamos a las partes obviando que el Todo solo se transforma desde el Todo. Que la única posibilidad de que “otro mundo sea posible” es que alguien pueda pensarlo primero, entero. Que a alguien sí le “quepa en la cabeza”.

“La Esperanza ve lo que todavía no está y será”. Hace tiempo que se alcanzó la conclusión de que el fuego surgió simultáneamente en miles de lugares, en un espacio de tiempo relativamente corto. Como si nuestra especie ya estuviera preparada para disponer de él. La Esperanza es lo último que se pierde porque tan solo ella permaneció en la Caja de Pandora. Por eso siempre la hemos conservado.

No nos cabe el mundo en la cabeza, pero es posible que en estos momentos, por la misma mezcolanza infinita que nos hace aparecer como incomprensibles, con la misma simultaneidad que el surgimiento del fuego, se estén concertando encuentros y creando hogares. A la vez y de una vez. Encuentros donde la diferencia: de edad, cultura, creencias, origen. Hará que los nacidos en esas nuevas familias sean el vivo testimonio de lo que nunca antes pudo ser.

Quizás sean ellos los llamados, por miles y cientos de miles, a que un nuevo mundo sí quepa en sus cabezas. Serán los soñadores qué pensarán y construirán desde el Todo.

Que nuestra realidad haya sido necesaria para llegar hasta ellos, dará sentido a lo que ahora vivimos. Mientras tanto, seguiremos trabajando en la divisa que hemos elegido, nos esforzaremos tanto como siempre hemos hecho. Mientras tanto también, si escuchamos que una voz infantil nos formula lo que nos parece una pregunta extraña. Hagamos que nuestra respuesta no cierre su mente ni su mirada, al contrario, que abra las dos de par en par. Es posible, solo posible, que estemos hablando con alguien que se está entrenando para que el mundo sí le quepa en la cabeza.

Marià Moreno

“Todo por el pueblo, pero sin el pueblo”

Todo por el pueblo, pero sin el pueblo”. Esta es la carta de presentación del “Despotismo Ilustrado”. No deja de sonar siniestra. Quienes lo llevaron a término, algunos poderosos reyes europeos de la segunda mitad del siglo XVIII, probablemente no eran especialmente ilustrados ni quizás fueran tan solo cultos, pero si estaban lo suficientemente despiertos como para dejarse impresionar por las ideas de “La Ilustración”. Ideas que todavía ejercen una más que notable influencia en nuestra forma occidental de vivir.

Aunque la acabemos conociendo por un lema que tan ajeno y atrasado nos parece, la Ilustración, y con ella el Despotismo Ilustrado, estaba impecablemente dotada de una voluntad de atender al interés general que se extendía incluso a todo el orbe. Su “hombre”, era todos los hombres y tratar de alcanzar sus bienestar, la tarea del gobernante. Imaginemos por un momento que fuéramos capaces de someter a un examen a todos los poderosos del planeta, tanto a los públicos, cuyos nombres conocemos bien, como a los ocultos. Serían tan solo dos preguntas: ¿Cuáles son los problemas reales del mundo, de la Humanidad en su conjunto? ¿Cuáles de esos problemas está ayudando a resolver ahora, pongamos en el último año? El suspenso sería tan clamoroso como generalizado. Quizás alcanzarían el aprobado si la pregunta se refiriera a los problemas de la zona del mundo donde actúan. Pero para llegar a las notas más altas, la pregunta debería ser mucho más sencilla: ¿Cuáles son sus problemas? Esos sí los conocen bien, y desde luego no dejan de actuar sobre ellos.

“Todo por el pueblo, pero sin el pueblo”. Una afirmación, en pleno siglo XXI, definitivamente reprobable. Sin embargo, no deja de ser una enorme paradoja que aquellas personas que sí conocen los problemas del mundo y apuntan a cómo mejorarlo, no tienen prácticamente poder, mientras las que solo están interesados por sus problemas o los de su rincón del mundo, estas tienen todo el poder. Al menos algunos reyes europeos se dejaron impresionar por unas ideas, hace ya más de dos siglos. Los actuales poderosos no corren ese riesgo, tienen su propia y exclusiva idea: ocuparse de sus asuntos. En ellos el bienestar de las personas no ocupa ningún lugar, salvo quizás las del patio en donde viven. Ignoran que quiere decir la palabra Humanidad (todos los seres humanos) y de la expresión “interés universal”, saben muy bien que significa la primera palabra y la segunda les recuerda vagamente a una productora cinematográfica. Lisa y llanamente: el “interés universal” no existe, no está en su agenda ni en su pensamiento. ¿Cómo van a liderar esos “tipos” nada que tenga que ver con solucionar ni uno solo de los problemas de todos los seres humanos? (utilizo “tipos” en directo homenaje a Joan Manel Serrat que así los denomina).

Si quién sabe qué hacer no manda y quién manda no tiene ningún intereses real en nada que no sea su cortijo. Desde luego algo está fallando, y lo está haciendo de manera muy grave.

Es obvio que el mundo ya está necesitando en este momento, una completa y franca colaboración de quién lo gobierna, a plena luz o en la sombra, pero el castizo aserto “no está ni se la espera” define bien en qué estado se encuentra ese entendimiento. El “bien común” es poco más que un espantajo electoral mientras el “interés propio” sigue siendo la única forma legítima de ordenar el actuar humano. Los poderosos no hacen más que aplicarlo en lo que a ellos les concierne. Al cabo, nos dirán, hacen lo mismo que hacen todos los demás.

Marià Moreno

4. MasAllaDelLunes – Todo por el pueblo, pero sin el pueblo – 12.05.19

Cada acto revela su consecuencia

En el mundo occidental parece que hemos encontrado la solución perfecta para definir la realidad: Se lo dejamos a la ciencia. Si “Ella” (con mayúsculas por supuesto) determina que algo es cierto, lo es. Pero eso no es todo, también determina qué es causa y qué es efecto y cuál es la relación entre ellos. De modo que cuando “Ella” afirma que algo es la causa de otro algo que es su efecto, pues así es. Cuando no puede hacerlo pues nos quedamos con la conocida coletilla: “a la espera de que el progreso científico lo permita conocer”.

Tenemos tan integrada esta cuestión que quizás nos cueste ver cuánto y cómo desafía al sentido común. Salvo error de mi parte, la ciencia no ha determinado el poder de una mirada, o de un abrazo, pero mirada y abrazo tienen poder, incluso un increíble poder. Puede argumentarse ahora que no le vamos a pedir a la ciencia que se ocupe de todas y cada una de las acciones humanas, que para eso justamente ya está el sentido común. Está bien, dejemos a la ciencia que siga tratando de mejorar nuestra comprensión del mundo, pero si no puede ocuparse de todas nuestras cosas quizás podamos decirle que, al menos de algunas, nos ocupemos nosotros mismos.

Cada acto revela su consecuencia, de la misma forma que la semilla ya es la flor. Simplemente se encuentran en un estadio anterior de lo que será, pese a que deban producirse determinados acontecimientos, nada puede negar el carácter de germen tanto al acto como a la semilla. El germen es una entidad completa, acabada en sí misma, de no serlo no podría prosperar, perdería su identidad, no sería un germen.

Que cada acto revele su consecuencia no implica que cada acto “tenga consecuencias”, por la cuestión acabada de apuntar, si no se producen los acontecimientos que facilitan el desarrollo del germen, pese a su carácter completo, no podrá prosperar. Pero no hay que esperar más, si miramos con “ojos humanos” al acto, podemos ver su consecuencia y no haría falta nada más para actuar.

Muchos de los gobernantes actuales, a los que suman no pocos de nuestros rectores económicos, se adhieren con entusiasmo a la negación de las consecuencias que sus actos revelan, al menos hasta que la ciencia lo demuestre, cosa harto improbable porque gobernantes y magnates siempre van a poder contar con “su ciencia”.

Cuando se ningunea o matiza el cambio climático, la consecuencia deseada es que nada cambie en una economía que necesita ser depredadora para subsistir, cuando se menosprecia a una mujer, se desea que siga siendo, para siempre, ciudadana de segunda, cuando se firma una proclama racista, se quiere que el racismo y el odio al diferente vuelva a ordenar nuestra vida. Es así, la consecuencia quiere ser tan completa como lo es el germen que la alumbra.

Cada acto revela su consecuencia, nos dice qué desea y ante la avalancha de los que con tanta tesón defienden la vuelta a la oscuridad, sí nos queda algo: nuestro “común sentido”, el que hace que también seamos muchos los que intentamos que nuestros actos y sus consecuencias, revelen nuestro deseo de ser humanos desde la mejor expresión de nuestra humanidad.

Marià Moreno

3. MasAllaDelLunes – Cada acto revela su consecuencia – 24.03.19

Tanto bueno esperando

Si alguien abandonara el Planeta Tierra, sin perder por ello su consciencia. Allí donde llegara podría explicar que ha estado a punto de ver grandes cosas.

Narraría entonces que había vivido como una caduca y perversa economía había sido tocada de muerte por una colosal crisis, que iba a llevar a su completa reforma, lo que incluía una absoluta regeneración de un sistema financiero que no estaba al servicio de la sociedad. Pero no era solo en la economía, globalmente, por fin se hacía inminente la necesidad de un nuevo entendimiento entre las naciones para luchar juntas contra la amenaza del cambio climático, y su implacable repercusión sobre el devenir de la humanidad.

También se estaban derribando los muros de la desigualdad porque las mujeres empezaban a entonar, mucho más alto y más fuerte, cánticos de reivindicación que solo podían ser que el preludio de su victoria. En millones de personas se abría paso una consciencia mucho más abierta hacia el otro, a explorar no solo la espiritualidad sino fundamentalmente el real papel del ser humano en su tránsito por la vida. Nunca antes habían sido tantas ni habían estado en tantas partes.

El entusiasmo de la narración contrastaría, entonces, con una cara amable que sin dejar de anotar todo lo que había escuchado, le contestaría: “Entonces tu vienes del planeta del “casi”, por lo que me cuentas es un lugar en el que lo bueno “casi” ha llegado, pero todavía está esperando”.

Sería una primera respuesta, pero que iniciaba la cuenta de otras similares en las nuevas etapas de su viaje.

De vuelta a casa, nuestro impensable viajero interestelar seguiría manteniendo intacta su ilusión por la inminente llegada de todo lo bueno que se anunciaba. Sin embargo, habría aprendido la enorme distancia que media entre un “será” y un implacable “es”.

La imposibilidad de cambiar el sistema económico. La manifiesta incapacidad de las naciones para dejar de lado sus intereses particulares por más que la propia vida en el Planeta este en juego. La férrea resistencia al reconocimiento de la mujer en tantas culturas y pueblos. La enorme dispersión de la marea de seres que quieren cambios fundamentales pero que no saben cómo articular una efectiva propuesta colectiva. En suma, todo eso tan bueno que está esperando pero que no “es” sino que “será”, no se encuentra en ese estado de forma casual sino gracias a una esmerada planificación, que incluye la flexibilidad de permitir que pueda pensarse que todo puede ser, justamente para que nada de eso sea.

La sólida instauración de una creencia: la preeminencia radical del interés propio, multiplicada por la magnitud alcanzada (7.300 millones de seres) arroja como resultado la creación de una red que es capaz de encajar las fuerzas que la acometen hasta neutralizarlas, de forma que realmente nada la traspase, nada llegue hasta el otro lado. No es un muro, en una malla, y su clave reside en que ha logrado que cada ser humano acepte formar parte de ella. No importa entonces que los más inquietos quiera rasgar algunos de sus nodos, ellos mismos en otros espacios la están construyendo. Es una red dotada de la capacidad de auto regenerarse indefinidamente.

Tanto bueno seguirá esperando mientras piense que pelea contra un muro que se derriba o se salta, y que además no puede ser infinito. Otra cuestión es intentar ver que se trata de deshacer una red de escala 1:1 compuesta por 7.300 millones de nodos, diseñada para que todo cambie sin que se produzca ningún cambio real.

Marià Moreno

El Blog de Marià Moreno

2. MasAllaDelLunes – Tanto bueno esperando – 10.03.19

Brasil en peligro

Ante quien corresponda

En respuesta al llamamiento realizado por el eminente sociólogo Manuel Castells, declaro:

Como humanista, cooperativista y pensador catalán y en mi único nombre.

Que Brasil me concierne y nos concierne a todas las personas, que Brasil es una esperanza para el mundo y con él para la Humanidad, y que ruego a todas las personas de Brasil que el próximo día 28 de octubre hagan posible que la llama de esa esperanza siga viva, más aún porque habrán sido capaces de apartar de sí la faz de la oscuridad y del totalitarismo.

Marià Moreno

 

Para quem corresponde.

Em resposta ao apelo feito pelo eminente sociólogo Manuel Castells, declaro:

Como pensador humanista, cooperativista e pensador catalão e em meu único nome.

Que o Brasil me preocupa e preocupa todas as pessoas, que o Brasil é uma esperança para o mundo e com ele para a humanidade, e que eu rezo a todas as pessoas do Brasil que no próximo dia 28 de outubro tornem possível a chama disso a esperança ainda está viva, ainda mais porque eles poderão remover de si mesmos a face das trevas e do totalitarismo.

(Publicado no Blog de Marià Moreno –goo.gl/G44teY)

 

Subject: Carta abierta de Manuel Castells a los intelectuales del mundo

Amigos intelectuales comprometidos con la democracia:

Brasil está en peligro. Y con Brasil el mundo. Porque después de la elección de Trump, de la toma del poder por un gobierno neo-fascista en Italia y por el ascenso del neonazismo en Europa, Brasil puede elegir presidente a un fascista, defensor de la dictadura militar, misógino, sexista, racista y xenófobo, que ha obtenido 46% en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Poco importa quien sea su oponente. Fernando Haddad, la única alternativa posible, es un académico respetable y moderado, candidato por el PT, un partido hoy dia desprestigiado por haber participado en la corrupción generalizada del sistema político brasileño. Pero la cuestión no es el PT, sino una presidencia de un Bolsonaro capaz de decir a una diputada, en público, que “no merece ser violada por el”. O que el problema con la Dictadura no fue la tortura sino que no matara en lugar de torturar. En una situación así, ningún intelectual, ningún demócrata, ninguna persona responsable del mundo en que vivimos, podemos quedarnos indiferentes. Yo no represento a nadie mas que a mi mismo. Ni apoyo a ningún partido. Simplemente, creo que es un caso de defensa de la humanidad, porque si Brasil, el país decisivo de América Latina, cae en manos de este deleznable y peligroso personaje, y de los poderes fácticos que los apoyan, los hermanos Koch entre otros, nos  habremos precipitado aun mas bajo en la desintegración del orden moral y social del planeta a la que estamos asistiendo. Por eso les escribo a todos ustedes, a los que conozco y a los que me gustaría conocer. No para que suscriban esta carta como si fuera un manifiesto al dictado de políticos. Sino para pedirles que cada uno haga conocer públicamente y en términos personales su petición para una active participación en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, el 28 de octubre, y nuestro apoyo a un voto contra Bolsonaro, argumentándolo según lo que cada uno piense, y difundiendo su carta por sus canales personales, redes sociales, medios de comunicación, contactos políticos, cualquier formato que difunda nuestra protesta contra la elección del fascismo en Brasil. Muchos de nosotros tenemos contactos en Brasil, o tenemos contactos que tienen contactos. Contactémoslos. Un what’s app es suficiente, o una llamada telefónica personal. No nos  hace falta un #.  Somos personas, miles, potencialmente hablando a millones, en el mundo y en Brasil Y porque a lo largo de nuestra vida hemos adquirido con nuestra lucha e integridad, una cierta autoridad moral, utilicémosla en este momento antes que sea demasiado tarde.

Yo lo voy a hacer, lo estoy haciendo. Y simplemente ruego que cada una/uno haga lo que pueda.

Manuel Castells

¿Volveremos a importar “todos”?

Resulta evidente que a lo largo de la historia el gobernante siempre ha ejercido el poder en favor de su propio bando. Esto es, salvo excepciones, no le ha preocupado lo más mínimo que el resultado de su acción lo fuera en favor de todos.

Sin embargo, el advenimiento de los modelos democráticos basados en el sufragio universal, parecían haber ofrecido un matiz muy importante, en el sentido de investir al elegido de la responsabilidad de representar y gobernar en nombre y favor de “todos”. Lo que naturalmente incluía a quiénes no le habían votado.

Con la morosidad propia del paso del tiempo, parece que ese “gobernar para todos” se va diluyendo, al punto de que no solo parece lícito azuzar a unos votantes contra otros durante la campaña electoral, sino que tras acceder al gobierno, sigue estando legitimado menospreciar o ningunear a partes de la población (ya se trate de capas o fracciones de ella o de que se ubique en determinados espacios geográficos)

Este gobernante que solo lo es para una parte, no parece sentir el menor temor ante lo que puede significar su acción. Dejar al margen la que resulta no ser su parte, le parece tan natural como la conocida “visión en túnel”, que se deriva de utilizar las redes sociales solo para conectar con quién piensa exactamente como uno mismo. Pero el resultado es el mismo. Se impone el gobierno de los ignorantes, de los que son tan pobres intelectualmente que solo conocen su propio pensamiento y de los que por no conocer más interés que el suyo, resultan un auténtico peligro para el conjunto de la sociedad, o lo que es lo mismo, para el bien realmente común.

¿Volveremos a importar “todos”? Sin duda lo haremos, aunque antes será necesario que, con la profundidad necesaria, volvamos a entender que en una democracia por más que el poder sea otorgado por una parte, solo se legitima cuando la acción de gobierno se esfuerza, una y otra vez, en lograr acuerdos, en tejer redes de convivencia, en poner en valor lo que une y acoger para transformar lo que parece que separa.

Marià Moreno