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Brasil en peligro

Ante quien corresponda

En respuesta al llamamiento realizado por el eminente sociólogo Manuel Castells, declaro:

Como humanista, cooperativista y pensador catalán y en mi único nombre.

Que Brasil me concierne y nos concierne a todas las personas, que Brasil es una esperanza para el mundo y con él para la Humanidad, y que ruego a todas las personas de Brasil que el próximo día 28 de octubre hagan posible que la llama de esa esperanza siga viva, más aún porque habrán sido capaces de apartar de sí la faz de la oscuridad y del totalitarismo.

Marià Moreno

 

Para quem corresponde.

Em resposta ao apelo feito pelo eminente sociólogo Manuel Castells, declaro:

Como pensador humanista, cooperativista e pensador catalão e em meu único nome.

Que o Brasil me preocupa e preocupa todas as pessoas, que o Brasil é uma esperança para o mundo e com ele para a humanidade, e que eu rezo a todas as pessoas do Brasil que no próximo dia 28 de outubro tornem possível a chama disso a esperança ainda está viva, ainda mais porque eles poderão remover de si mesmos a face das trevas e do totalitarismo.

(Publicado no Blog de Marià Moreno –goo.gl/G44teY)

 

Subject: Carta abierta de Manuel Castells a los intelectuales del mundo

Amigos intelectuales comprometidos con la democracia:

Brasil está en peligro. Y con Brasil el mundo. Porque después de la elección de Trump, de la toma del poder por un gobierno neo-fascista en Italia y por el ascenso del neonazismo en Europa, Brasil puede elegir presidente a un fascista, defensor de la dictadura militar, misógino, sexista, racista y xenófobo, que ha obtenido 46% en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Poco importa quien sea su oponente. Fernando Haddad, la única alternativa posible, es un académico respetable y moderado, candidato por el PT, un partido hoy dia desprestigiado por haber participado en la corrupción generalizada del sistema político brasileño. Pero la cuestión no es el PT, sino una presidencia de un Bolsonaro capaz de decir a una diputada, en público, que “no merece ser violada por el”. O que el problema con la Dictadura no fue la tortura sino que no matara en lugar de torturar. En una situación así, ningún intelectual, ningún demócrata, ninguna persona responsable del mundo en que vivimos, podemos quedarnos indiferentes. Yo no represento a nadie mas que a mi mismo. Ni apoyo a ningún partido. Simplemente, creo que es un caso de defensa de la humanidad, porque si Brasil, el país decisivo de América Latina, cae en manos de este deleznable y peligroso personaje, y de los poderes fácticos que los apoyan, los hermanos Koch entre otros, nos  habremos precipitado aun mas bajo en la desintegración del orden moral y social del planeta a la que estamos asistiendo. Por eso les escribo a todos ustedes, a los que conozco y a los que me gustaría conocer. No para que suscriban esta carta como si fuera un manifiesto al dictado de políticos. Sino para pedirles que cada uno haga conocer públicamente y en términos personales su petición para una active participación en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, el 28 de octubre, y nuestro apoyo a un voto contra Bolsonaro, argumentándolo según lo que cada uno piense, y difundiendo su carta por sus canales personales, redes sociales, medios de comunicación, contactos políticos, cualquier formato que difunda nuestra protesta contra la elección del fascismo en Brasil. Muchos de nosotros tenemos contactos en Brasil, o tenemos contactos que tienen contactos. Contactémoslos. Un what’s app es suficiente, o una llamada telefónica personal. No nos  hace falta un #.  Somos personas, miles, potencialmente hablando a millones, en el mundo y en Brasil Y porque a lo largo de nuestra vida hemos adquirido con nuestra lucha e integridad, una cierta autoridad moral, utilicémosla en este momento antes que sea demasiado tarde.

Yo lo voy a hacer, lo estoy haciendo. Y simplemente ruego que cada una/uno haga lo que pueda.

Manuel Castells

¿Volveremos a importar “todos”?

Resulta evidente que a lo largo de la historia el gobernante siempre ha ejercido el poder en favor de su propio bando. Esto es, salvo excepciones, no le ha preocupado lo más mínimo que el resultado de su acción lo fuera en favor de todos.

Sin embargo, el advenimiento de los modelos democráticos basados en el sufragio universal, parecían haber ofrecido un matiz muy importante, en el sentido de investir al elegido de la responsabilidad de representar y gobernar en nombre y favor de “todos”. Lo que naturalmente incluía a quiénes no le habían votado.

Con la morosidad propia del paso del tiempo, parece que ese “gobernar para todos” se va diluyendo, al punto de que no solo parece lícito azuzar a unos votantes contra otros durante la campaña electoral, sino que tras acceder al gobierno, sigue estando legitimado menospreciar o ningunear a partes de la población (ya se trate de capas o fracciones de ella o de que se ubique en determinados espacios geográficos)

Este gobernante que solo lo es para una parte, no parece sentir el menor temor ante lo que puede significar su acción. Dejar al margen la que resulta no ser su parte, le parece tan natural como la conocida “visión en túnel”, que se deriva de utilizar las redes sociales solo para conectar con quién piensa exactamente como uno mismo. Pero el resultado es el mismo. Se impone el gobierno de los ignorantes, de los que son tan pobres intelectualmente que solo conocen su propio pensamiento y de los que por no conocer más interés que el suyo, resultan un auténtico peligro para el conjunto de la sociedad, o lo que es lo mismo, para el bien realmente común.

¿Volveremos a importar “todos”? Sin duda lo haremos, aunque antes será necesario que, con la profundidad necesaria, volvamos a entender que en una democracia por más que el poder sea otorgado por una parte, solo se legitima cuando la acción de gobierno se esfuerza, una y otra vez, en lograr acuerdos, en tejer redes de convivencia, en poner en valor lo que une y acoger para transformar lo que parece que separa.

Marià Moreno

La revuelta (sénior) contra la desigualdad

Pisan las calles, con indignación, quienes acostumbran a transitarlas de una manera mucho más pausada, ya que sus años les han enseñado que en el fondo, casi nunca hay razón para apresurarse.

Claman contra un incremento del 0,25%. Una cifra cuya sola mención basta para tener mil razones para no estar de acuerdo, sea lo que sea a lo que se refiera.

Pero quizás la poderosa movilización no se explique tan solo por la justa defensa del poder adquisitivo. Puede que se trate de una revuelta contra esta mágica capacidad de nuestra economía para crecer como nadie en Europa, para proclamar el fin de la crisis y la llegada de todo tipo de bondades, sin que ninguna pueda alcanzar al grueso de la ciudadanía. Para que ese deseado “más” que tanto se proclama haber logrado, nos haga también algo “más iguales”.

El repetido mensaje es determinante: Las pensiones son una carga. Un peso que amenaza con ahogar las cuentas del estado. Solo después de la andanada se añade, a veces, que también son la justa contraparte del esfuerzo y del trabajo. Que no son una concesión sino una conquista que expresa el derecho a vivir un trecho de la vida, el final, teniendo un tiempo que nunca se ha tenido, sin que por ello la pobreza deba acosar a nadie.

La incapacidad para hacer que las mejoras nos alcancen a todos, mientras los reveses sí nos estallen en la cara. La impasible contemplación del crecimiento de la desigualdad, bien pueden llamar a la revuelta. Los mayores nos dicen que no quieren perder poder adquisitivo. Nos interpelan para movilizarnos ante una evidencia: Tiene que haber otra forma de repartir, en la que el hecho de que unos pocos sumen sin cesar, no signifique que todos los demás tengan que restar.

Marià Moreno

174. Post del lunes – 19.03.18 – La revuelta (sénior) contra la desigualdad

Libertades y Derechos Individuales

En algunos lugares del mundo casi no pensamos en ellas, en muchos otros, no pueden pensar en otra cosa. Son las llamadas libertades individuales. En la voz “Derechos civiles y políticos” encontramos en Wikipedia una relación que, pese a no ser exhaustiva, nos ilustra suficientemente: “Libertad de pensamiento, expresión, prensa e imprenta, culto, circulación y residencia junto con derechos de participación en la vida civil y política, sufragio, petición, reunión y manifestación y asociación, etc…”

Sin duda, la integración cotidiana de esas libertades y derechos es un buen síntoma respecto a la calidad de nuestra condición de ciudadanos. Lo es, tanto como lo que expresa su falta en incontables territorios del planeta.

Pero es probable que, afortunados e inmersos en nuestro saludable ejercicio civil, olvidemos algo elemental: El movimiento natural del Poder es hacia la retirada de las libertades individuales. Simplemente, nunca ha estado de acuerdo con ellas.

La mera observación de cómo se manifiesta el Poder de Norte a Sur y de Este a Oeste nos advierte de la permanente pugna de los mandatarios por erosionar esas libertades. Un método habitual se basa en “concretar” las mismas, esto es, acotarlas para reducirlas. Su mayor mentira es la de combatir con ello que el uso de una libertad, que no dudan en proclamar como justa y hasta esencial, devenga en libertinaje. Es falso, el único y vergonzoso libertinaje que campa por la Tierra es el de tantos y tantos mandatarios. Sin que ni siquiera nos sirva de consuelo el origen de su poder. En el recorte de libertades compiten, a menudo y casi con descaro, los elegidos por sufragio de los impuestos de cualquier otra manera.

Pensar, expresar, creer, circular, participar, reunir y asociar, entre otros. Componen una lista de verbos que el Poder no sabe conjugar sino van acompañados con la debida coletilla: “… lo que yo quiero…”. De modo que pensar, sí, pero: “Pensar lo que yo quiero que piensen”. Nuevamente es sencillo, el Poder no quiere saber nada de ciudadanos, los quiere siempre súbditos.

Marià Moreno

¿Nada volverá a ser igual?

Este Post no suele ceder demasiado espacio a lo cercano, en definitiva lo local, sin embargo, ciertamente se edita desde Barcelona. Un lugar que sigue desconcertado por lo ocurrido en uno de sus corazones, pero que sin solución de continuidad se apresta a vivir una situación que no por impensable, en cualquier sentido, parece que vaya a dejar de producirse.

El llamado “choque de trenes” entre los gobiernos central y catalán se hace inminente, y el primer pensamiento se va hacia el hecho de que cuando las locomotoras colisionan frontalmente, los grandes damnificados son los pasajeros. Los que ya están en el tren, parece que más o menos repartidos por mitades respecto a los que viajan llenos de ilusión y los que desearían no haberlo tomado nunca.

¿Había otra manera de solucionarlo? Desde luego parece que en este momento ya no, e incluso es posible que tampoco antes la hubiera habido. Alguien no ha querido dialogar seriamente, lo que ha provocado la suspensión de cualquier conversación real desde la otra parte. Una vez más la palabra es la gran perdedora, una vez más se deja a la “ley del más fuerte” la solución del conflicto, una vez más se demuestra que de fondo, Nicolás de Maquiavelo sigue siendo el preceptor de los príncipes, por más que estos presuman de una democrática elección.

Con el paso del mes de septiembre los pasajeros irán (iremos) conteniendo la respiración, algunos quizás se pregunten si nada volverá a ser igual. Si será posible que cuando una voz exprese su pasión por una Catalunya libre mientras otra manifieste su deseo de seguir formando parte del Estado Español, entre las dos no emerja un muro preñado de malos augurios, tan invisible como real. Si será posible que se pueda ser catalán, sin que eso suponga más pronunciamiento que el de la decidida afirmación de una identidad y una expresión de amor por el propio país, por Catalunya.

Hasta ahora, sí ha podido serlo.

Marià Moreno

 

 

La impunidad del negacionista

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El calentamiento global es un hecho, y también lo serán sus graves consecuencias, respecto a su causa la comunidad científica aporta el dato de que la probabilidad de que se deba a la acción humana es superior al 90%. El negacionista lo es porque pese a la contundencia de esa cifra convierte la cuestión en materia de opinión, y en consecuencia se permite opinar que el cambio climático no se debe a la acción del ser humano, por tanto no debe hacerse nada especial respecto a la cuestión ya que el planeta volverá a regularse cuando su “ciclo natural” lo determine. Mientras tanto, eso sí, solo cabe perseguir los perjuicios ecológicos cuya relación “causa-efecto” sea evidente (contaminación directa), pero en absoluto debe ser modificado el diseño central vigente basado una energía de origen fósil.

La impunidad con la que el negacionista se permite actuar en favor de la actual forma de explotar el planeta, se basa tanto en que personalmente no recibirá daño, el tiempo del desastre no es tan inmediato, y la imposibilidad legal de actuar contra algo que todavía, dado que la certeza científica “solo” es de más del 90%, no resulta punible.

Sin embargo el negacionista sí está cometiendo un daño, que dado su formidable alcance debe ser calificado como un delito de lesa humanidad.

Marià Moreno

El Blog de Marià Morenogoo.gl/G44teY