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La impunidad del negacionista

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El calentamiento global es un hecho, y también lo serán sus graves consecuencias, respecto a su causa la comunidad científica aporta el dato de que la probabilidad de que se deba a la acción humana es superior al 90%. El negacionista lo es porque pese a la contundencia de esa cifra convierte la cuestión en materia de opinión, y en consecuencia se permite opinar que el cambio climático no se debe a la acción del ser humano, por tanto no debe hacerse nada especial respecto a la cuestión ya que el planeta volverá a regularse cuando su “ciclo natural” lo determine. Mientras tanto, eso sí, solo cabe perseguir los perjuicios ecológicos cuya relación “causa-efecto” sea evidente (contaminación directa), pero en absoluto debe ser modificado el diseño central vigente basado una energía de origen fósil.

La impunidad con la que el negacionista se permite actuar en favor de la actual forma de explotar el planeta, se basa tanto en que personalmente no recibirá daño, el tiempo del desastre no es tan inmediato, y la imposibilidad legal de actuar contra algo que todavía, dado que la certeza científica “solo” es de más del 90%, no resulta punible.

Sin embargo el negacionista sí está cometiendo un daño, que dado su formidable alcance debe ser calificado como un delito de lesa humanidad.

Marià Moreno

El Blog de Marià Morenogoo.gl/G44teY

Visión en túnel – Yo, mi, me, conmigo

113. Post del lunes - 07.11.16 - Visión en túnel - yo, mi, me, conmigo -Si pensamos en aquello que nos ha hecho aprender en el pasado, será muy frecuente recordar que cuando lo logramos, eso tuvo que ver con nuestro encuentro con lo que era distinto, diferente a lo que creíamos saber. Solo podemos aprender cuando nos alcanza algo que desconocemos, por la misma obviedad que nos dice que no podemos aprender dos veces la misma cosa.

Sin embargo, expertos en redes sociales nos alertan del creciente fenómeno que coloquialmente conocemos como “yo, mi , me, conmigo”. La constante agrupación por afinidad, hace que crezca y crezca el número de personas que solo se relacionan con otras que piensan como ellas, aquellas que, en términos llanos, “son de su misma cuerda”. La prueba la aporta, en esta semana donde más que nunca el mundo mira hacia EEUU, la enorme cantidad de votantes tanto republicanos como demócratas que declaran no tener ningún amigo del otro partido. El fenómeno toma un más que acertado nombre: “visión en túnel”. La advertencia es seria, el entero progreso de nuestra especie se sustenta sobre el entendimiento y colaboración de seres humanos que al ser capaces de construir juntos pese a sus diferencias, llegaron infinitamente más lejos de lo que cualquier cerrada mirada podía haber hecho.

Marià Moreno

El Blog de Marià Moreno

Optimismo: Virtud privada ¿Defecto público?

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De nuevo nos sirve de marco el diccionario de la RAE, que define el optimismo como: “Propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable“. No resulta arriesgado decir que en nuestra esfera privada, la que tiene que ver con nuestra familia, amigos y trabajo, preferimos estar rodeados de “gente optimista”, personas que consideran que las cosas pueden salir bien y que el futuro puede resultar mejor que el presente. Ciertamente, siempre habrá quién prefiera otra cosa, pero cuando afirmamos que una persona o un grupo está dotado de un “saludable optimismo”, estamos hablando mucho más de una virtud que un defecto.

Sin embargo, si se nos ocurre manifestarnos como optimistas ante las cuestiones generales, si decimos que el mundo mejorará, o que el futuro resultara eso mismo, mejor. Lo que sucede es que recibimos una mirada conmiserativa que viene a expresar que o bien nos falta información o que podemos poseer una cierta tendencia a delirar, que sería bueno que alguien autorizado observara de cerca.

Ciertamente parece que el mundo no avanza, y la idea general que se impone es que tampoco mejorará, de ahí que mostrarse optimista con respecto a ello, es tildado sin piedad de ingenuidad o de directa necedad. Pero como nada suele ser tan simple como parece, cabe preguntarse a quién conviene que la sensación colectiva se mueva en la frontera, siempre delicada, del realismo y el pesimismo ¿Quién gana y quién pierde con ello? Una cuestión central a las que podemos asociar otras ¿Qué hacen las personas que no confían en el futuro? ¿Cuáles son sus acciones? ¿Aporta alguna explicación al hecho de que subrayar las amenazas parece ofrecer mejores resultados electorales que ensalzar las oportunidades?

Para que las cosas ocurran debe darse la adecuada combinación de elementos que las hacen posibles, para que un “defensor” se imponga es necesario que muchas personas piensen íntimamente que necesitan ser defendidas, y a su vez, para que eso pase dibujar un escenario donde “todo irá a peor” es perfecto. Desde luego, no se trata de ver lo que no está, ni de creer en lo increíble, pero quizás sea bueno revisar que si el optimismo ayuda en la esfera privada de nuestras vidas, quizás pueda ayudar también en la pública.

Este Post se escribe cuando llega la noticia de que Europa, que reconoce abiertamente encontrarse en una “crisis existencial”, no encuentra más argumento común que reforzar con timidez la estrategia de defensa y seguridad común.  

Marià Moreno

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La persona avanza, el mundo parece que no

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Un intento de observar lo que nos rodea, cerca y lejos, nos lleva a considerar una situación que tiene algo de paradójico.

Todo y los enormes despropósitos que Amnistia Internacional denuncia y combate, podríamos afirmar que, globalmente, el ser humano avanza. Desde lo micro, lo pequeño, es posible ver que cada día hay más personas preocupadas por el medio ambiente que intentan llevar a cabo un consumo consciente, más personas que pueden manifestar libremente su identidad sexual, mayor respeto y tolerancia hacia las diversas formas de familia, mayor libertad para expresar creencias religiosas y espirituales, también la situación de la mujer es mejor comparada con cualquier situación precedente. Nada es universal ni mucho menos, y el principio de Ritmo nos dice que todo flujo conlleva su reflujo, pero quizás no sea tan arriesgado anotar que en más lugares, más personas pueden decidir cómo vivir su vida.

La paradoja se hace presente cuando observamos lo macro, lo grande. El sistema económico imperante, para el que no aparece recambio, sigue siendo el liberalismo económico, quizás ahora mostrando su peor versión, cuya consecuencia es una creciente concentración de la riqueza en pocas manos. Las naciones siguen relacionándose como lo han hecho siempre, con el exclusivo propósito de asegurar su dominio para proteger sus intereses comerciales. Sigue vigente el viejo adagio “si quieres la paz, prepara la guerra”, e incluso surgen nuevos grupos que solo conciben una descarnada violencia medieval para lograr sus fines. En definitiva, todos podemos percibir execrables manifestaciones, la crisis de los migrantes es una lacerante muestra, de la acción de un poder local, regional o todavía mayor sin que nada pueda oponerse a ellas, y mucho menos unas Naciones Unidas nada decorativas en su intención pero que sí resultan ser impotentes.

Mientras más personas en más lugares, están construyendo una vida orientada a la tolerancia, la inclusión y la naturaleza. El Mundo (con mayúsculas) parece que sigue sin resolver cuestiones fundamentales, como la generación de una economía humana o la erradicación de la violencia como medio para conseguir ningún fin. ¿Cómo se resolverá esta paradoja?

Marià Moreno

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¿Qué se hizo de la bondad?

103. Post del lunes - 01.08.16 - Qué se hizo de la bondad

El Post del Lunes volverá puntualmente a su cita el lunes 5 de septiembre.

Siguiendo a la RAE, la bondad es la cualidad (carácter distintivo) de lo bueno. Respecto a las personas, es: la natural inclinación a hacer el bien.

Basta una ojeada hacia los gobernantes (propios o ajenos) para darnos cuenta que no parece ni que “lo bueno” ni “hacer el bien”, forme parte de sus actos, por más, eso sí, que sus palabras no parezcan hablar de otra cosa. Pura farsa (acción realizada para fingir o aparentar).

¿Qué se ha hecho de la bondad? ¿Qué hace que el gobernante, si acaso la posee, tenga que corregir su natural inclinación? De modo que se dedique a dictar normas tan emparentadas con lo bueno como lo está, entre sí, el código genético compartido por todos los primates. ¿Porqué ninguno de ellos quiere ser tildado de “buena persona” salvo en su estricta intimidad?

Nos han convencido de que nuestra sociedad es tan compleja que ha tenido que renunciar al bien, que es imposible gobernarla con tan simple (y banal) argumento. Que la bondad se paga muy cara en un mundo perverso, tanto, que ha sido desterrada para siempre.

Conscientes de lo oscuro del camino, nos queda la arco irisada esperanza de que la clamorosa ausencia del bien preludie, por invivible, un tiempo donde ser bueno sea el más bello don que porte una vida.

Marià Moreno

103. Post del lunes – 01.08.16 – Qué se hizo de la bondad

El líder amoral (con a)

101. Post del Lunes - 18.07.16 - El lider amoral (con a)

Está claro que no nos gustan los líderes inmorales, sin embargo cuando la ausencia de moralidad no produce especiales contratiempos, eso parece decir que tampoco son de nuestro especial agrado los líderes morales ¿Qué nos queda? El líder amoral, adjetivo que la RAE define así: “Dicho de una persona: Desprovista de sentido moral”.

La situación como único referente, el relativismo permanente respecto a todo, lo malo de ayer es bueno hoy o las dos cosas a la vez, proclamar a voz en grito su lucha permanente en pro de la reducción de la desigualdad y no mover ni en un solo dedo para atenuarla, muestran que el gobernante moderno aplica una y otra vez en los más variados contextos, la frase que Groucho Marx inmortalizó, aunque no fuese invención suya: “Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros“.

Si alguien cree conocer los valores personales y colectivos que animan a su líder favorito, creo oportuno felicitarlo por su perspicacia. Lo que resulta paradójico es que esa falta de sentido moral no resulte invalidante, y en muchos casos el líder que la adopta consigue alcanzar el poder político. Quizás eso de deba a que sus votantes sí son seres morales y sí poseen principios, y la gran virtud del líder amoral sea hacerles creer que él también los tiene, convirtiéndose en un falso espejo que se apropia de ellos, tan solo para dejarlos atrás tan pronto como las necesidades de su conducta amoral lo requieren.

Marià Moreno

101. Post del lunes – 18.07.16 – El líder amoral (con a)