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Visión en túnel – Yo, mi, me, conmigo

113. Post del lunes - 07.11.16 - Visión en túnel - yo, mi, me, conmigo -Si pensamos en aquello que nos ha hecho aprender en el pasado, será muy frecuente recordar que cuando lo logramos, eso tuvo que ver con nuestro encuentro con lo que era distinto, diferente a lo que creíamos saber. Solo podemos aprender cuando nos alcanza algo que desconocemos, por la misma obviedad que nos dice que no podemos aprender dos veces la misma cosa.

Sin embargo, expertos en redes sociales nos alertan del creciente fenómeno que coloquialmente conocemos como “yo, mi , me, conmigo”. La constante agrupación por afinidad, hace que crezca y crezca el número de personas que solo se relacionan con otras que piensan como ellas, aquellas que, en términos llanos, “son de su misma cuerda”. La prueba la aporta, en esta semana donde más que nunca el mundo mira hacia EEUU, la enorme cantidad de votantes tanto republicanos como demócratas que declaran no tener ningún amigo del otro partido. El fenómeno toma un más que acertado nombre: “visión en túnel”. La advertencia es seria, el entero progreso de nuestra especie se sustenta sobre el entendimiento y colaboración de seres humanos que al ser capaces de construir juntos pese a sus diferencias, llegaron infinitamente más lejos de lo que cualquier cerrada mirada podía haber hecho.

Marià Moreno

El Blog de Marià Moreno

Optimismo: Virtud privada ¿Defecto público?

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De nuevo nos sirve de marco el diccionario de la RAE, que define el optimismo como: “Propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable“. No resulta arriesgado decir que en nuestra esfera privada, la que tiene que ver con nuestra familia, amigos y trabajo, preferimos estar rodeados de “gente optimista”, personas que consideran que las cosas pueden salir bien y que el futuro puede resultar mejor que el presente. Ciertamente, siempre habrá quién prefiera otra cosa, pero cuando afirmamos que una persona o un grupo está dotado de un “saludable optimismo”, estamos hablando mucho más de una virtud que un defecto.

Sin embargo, si se nos ocurre manifestarnos como optimistas ante las cuestiones generales, si decimos que el mundo mejorará, o que el futuro resultara eso mismo, mejor. Lo que sucede es que recibimos una mirada conmiserativa que viene a expresar que o bien nos falta información o que podemos poseer una cierta tendencia a delirar, que sería bueno que alguien autorizado observara de cerca.

Ciertamente parece que el mundo no avanza, y la idea general que se impone es que tampoco mejorará, de ahí que mostrarse optimista con respecto a ello, es tildado sin piedad de ingenuidad o de directa necedad. Pero como nada suele ser tan simple como parece, cabe preguntarse a quién conviene que la sensación colectiva se mueva en la frontera, siempre delicada, del realismo y el pesimismo ¿Quién gana y quién pierde con ello? Una cuestión central a las que podemos asociar otras ¿Qué hacen las personas que no confían en el futuro? ¿Cuáles son sus acciones? ¿Aporta alguna explicación al hecho de que subrayar las amenazas parece ofrecer mejores resultados electorales que ensalzar las oportunidades?

Para que las cosas ocurran debe darse la adecuada combinación de elementos que las hacen posibles, para que un “defensor” se imponga es necesario que muchas personas piensen íntimamente que necesitan ser defendidas, y a su vez, para que eso pase dibujar un escenario donde “todo irá a peor” es perfecto. Desde luego, no se trata de ver lo que no está, ni de creer en lo increíble, pero quizás sea bueno revisar que si el optimismo ayuda en la esfera privada de nuestras vidas, quizás pueda ayudar también en la pública.

Este Post se escribe cuando llega la noticia de que Europa, que reconoce abiertamente encontrarse en una “crisis existencial”, no encuentra más argumento común que reforzar con timidez la estrategia de defensa y seguridad común.  

Marià Moreno

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La persona avanza, el mundo parece que no

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Un intento de observar lo que nos rodea, cerca y lejos, nos lleva a considerar una situación que tiene algo de paradójico.

Todo y los enormes despropósitos que Amnistia Internacional denuncia y combate, podríamos afirmar que, globalmente, el ser humano avanza. Desde lo micro, lo pequeño, es posible ver que cada día hay más personas preocupadas por el medio ambiente que intentan llevar a cabo un consumo consciente, más personas que pueden manifestar libremente su identidad sexual, mayor respeto y tolerancia hacia las diversas formas de familia, mayor libertad para expresar creencias religiosas y espirituales, también la situación de la mujer es mejor comparada con cualquier situación precedente. Nada es universal ni mucho menos, y el principio de Ritmo nos dice que todo flujo conlleva su reflujo, pero quizás no sea tan arriesgado anotar que en más lugares, más personas pueden decidir cómo vivir su vida.

La paradoja se hace presente cuando observamos lo macro, lo grande. El sistema económico imperante, para el que no aparece recambio, sigue siendo el liberalismo económico, quizás ahora mostrando su peor versión, cuya consecuencia es una creciente concentración de la riqueza en pocas manos. Las naciones siguen relacionándose como lo han hecho siempre, con el exclusivo propósito de asegurar su dominio para proteger sus intereses comerciales. Sigue vigente el viejo adagio “si quieres la paz, prepara la guerra”, e incluso surgen nuevos grupos que solo conciben una descarnada violencia medieval para lograr sus fines. En definitiva, todos podemos percibir execrables manifestaciones, la crisis de los migrantes es una lacerante muestra, de la acción de un poder local, regional o todavía mayor sin que nada pueda oponerse a ellas, y mucho menos unas Naciones Unidas nada decorativas en su intención pero que sí resultan ser impotentes.

Mientras más personas en más lugares, están construyendo una vida orientada a la tolerancia, la inclusión y la naturaleza. El Mundo (con mayúsculas) parece que sigue sin resolver cuestiones fundamentales, como la generación de una economía humana o la erradicación de la violencia como medio para conseguir ningún fin. ¿Cómo se resolverá esta paradoja?

Marià Moreno

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¿Qué se hizo de la bondad?

103. Post del lunes - 01.08.16 - Qué se hizo de la bondad

El Post del Lunes volverá puntualmente a su cita el lunes 5 de septiembre.

Siguiendo a la RAE, la bondad es la cualidad (carácter distintivo) de lo bueno. Respecto a las personas, es: la natural inclinación a hacer el bien.

Basta una ojeada hacia los gobernantes (propios o ajenos) para darnos cuenta que no parece ni que “lo bueno” ni “hacer el bien”, forme parte de sus actos, por más, eso sí, que sus palabras no parezcan hablar de otra cosa. Pura farsa (acción realizada para fingir o aparentar).

¿Qué se ha hecho de la bondad? ¿Qué hace que el gobernante, si acaso la posee, tenga que corregir su natural inclinación? De modo que se dedique a dictar normas tan emparentadas con lo bueno como lo está, entre sí, el código genético compartido por todos los primates. ¿Porqué ninguno de ellos quiere ser tildado de “buena persona” salvo en su estricta intimidad?

Nos han convencido de que nuestra sociedad es tan compleja que ha tenido que renunciar al bien, que es imposible gobernarla con tan simple (y banal) argumento. Que la bondad se paga muy cara en un mundo perverso, tanto, que ha sido desterrada para siempre.

Conscientes de lo oscuro del camino, nos queda la arco irisada esperanza de que la clamorosa ausencia del bien preludie, por invivible, un tiempo donde ser bueno sea el más bello don que porte una vida.

Marià Moreno

103. Post del lunes – 01.08.16 – Qué se hizo de la bondad

El líder amoral (con a)

101. Post del Lunes - 18.07.16 - El lider amoral (con a)

Está claro que no nos gustan los líderes inmorales, sin embargo cuando la ausencia de moralidad no produce especiales contratiempos, eso parece decir que tampoco son de nuestro especial agrado los líderes morales ¿Qué nos queda? El líder amoral, adjetivo que la RAE define así: “Dicho de una persona: Desprovista de sentido moral”.

La situación como único referente, el relativismo permanente respecto a todo, lo malo de ayer es bueno hoy o las dos cosas a la vez, proclamar a voz en grito su lucha permanente en pro de la reducción de la desigualdad y no mover ni en un solo dedo para atenuarla, muestran que el gobernante moderno aplica una y otra vez en los más variados contextos, la frase que Groucho Marx inmortalizó, aunque no fuese invención suya: “Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros“.

Si alguien cree conocer los valores personales y colectivos que animan a su líder favorito, creo oportuno felicitarlo por su perspicacia. Lo que resulta paradójico es que esa falta de sentido moral no resulte invalidante, y en muchos casos el líder que la adopta consigue alcanzar el poder político. Quizás eso de deba a que sus votantes sí son seres morales y sí poseen principios, y la gran virtud del líder amoral sea hacerles creer que él también los tiene, convirtiéndose en un falso espejo que se apropia de ellos, tan solo para dejarlos atrás tan pronto como las necesidades de su conducta amoral lo requieren.

Marià Moreno

101. Post del lunes – 18.07.16 – El líder amoral (con a)

Europa, de realidad a esperanza

83. Post del lunes - 07.03.86 - Europa, de realidad a esperanza

Quizás este post resulte demasiado personal. Cuando mi mirada, apenas iniciada la adolescencia, se dirigió hacia “el mundo”. En seguida pude percibir algo parecido a la falta de libertad. No era difícil que eso sucediera en 1975 y también en seguida me llegó un eco de que en otros lugares no lejanos, quizás todavía no llamados Europa sino Francia o Inglaterra, esa libertad sí existía. Afortunadamente todo fue deprisa y en nada ya pude gritar “Llibertat, Amnistia i Estatut d’Autonomia” sin que una policiaca porra me lo impidiera, esto es, primero a veces y luego ya no. Y Europa se quedó ahí, convirtiéndose en la foto fija de lo que debíamos llegar a ser, sí: !Teníamos que ser Europa!. La fui conociendo, algo pude viajar, y si a los 17 años la primera ciudad extranjera que uno conoce resulta ser París, quizás pueda quedar disculpado que ya para siempre, se quede eternamente enamorado de ella.

Fui conociendo la tierra de Europa y también su manera de hacer y aunque, tan ignorante como chauvinista, proclamaba que no había nada tan diferente de nosotros (y horrible) que un alemán, un francés o un inglés, o que ¡Dios santo!: un suizo. Ciertamente, tan solo los italianos me resultaron familiares, luego aprendí que eso se debe a que son todavía más romanos que nosotros. Sostenía las diferencias para proclamar, mendaz arrogancia juvenil, la superioridad de nuestra forma de vivir, mediterránea y alegre, mientras no dejaba de anotar que lo que para mí era una reivindicación, en Europa, ahora ya sí con su nombre, era una realidad y que en definitiva todo aquello que podía imaginar, también desde lo radical, allí ya se llevaba haciendo y viviendo desde hacía largo tiempo. Recuerdo vivamente mi pesar al tener que reconocer que incluso los, para mí entonces, innombrables partidos de derechas, resultaban ser partidos meridianamente civilizados que gobernaban, al menos, con un ojo y una mano en pro del “bien común”, si bien entonces nadie le daba ese nombre a la “res publica”.

Aunque pueda derivarse del sueño desenfrenado de esas familias imperiales que aparecen en los libros de historia, la Europa de las últimas décadas no fue un imperio, de él solo recogió dotarse de una brillante idea imperial: “los europeos, juntos, mejor”. Y ese mejor quería decir cosas bien concretas: libertades, educación, sanidad, movilidad social, paz, aumento palpable de la igualdad, en suma, bienestar para muchos, para muy de largo los que son la gran mayoría. Naturalmente tanta luz tiene sus sombras, algunas de muy buen tamaño, pero acertábamos de pleno cuándo decíamos “tenemos que ser Europa”, “tenemos que ser de Europa”, porque todo eso que queríamos, en Europa no era un sueño, simplemente era una realidad. Una realidad que con esa extensión, no ha podido ser replicada en ningún otro lugar del mundo. Europa era una realidad para muchos europeos y una esperanza para el mundo.

Ahora, en los últimos años, la crisis provocada por el sistema financiero, ha sido tan mal gobernada por la que quizás sea la más desafortunada generación de dirigentes europeos. Tan mal gobernada, que día sí, día también, asistimos a un auténtico “rapto de Europa”, desgraciadamente nada mitológico sino más que evidente. Europa está siendo raptada. La incapacidad y el regate permanente en el corto plazo hacen que Europa haya dejado de ser una realidad para volver a ser una esperanza. La magnitud de la tragedia puede hacer que, durante un par de décadas, ya solo nos quede eso, la esperanza del regreso de Europa, y lo que todavía es peor. Si Europa ya no es una realidad ¿Qué esperanza le queda al mundo?.

Marià Moreno

83. Post del lunes – 07.03.16 – Europa, de realidad a esperanza

Diferentes, no desiguales

82. Post del lunes - 29.02.16 - Diferentes, no desiguales

Diferentes, no desiguales. Nos hemos acostumbrado tanto a convivir con la desigualdad que parece que ya no nos damos cuenta de la anomalía que supone. Afortunadamente nos llegan las estadísticas con sus rotundos titulares para ayudarnos a tomar conciencia de la magnitud de su avance, porque esa es la cuestión: La desigualdad crece, ya no solo no retrocede, sino que se incrementa.

Por supuesto, hay que agradecer el laborioso trabajo de hacernos llegar las cifras y en este sentido reseñar especialmente la tarea de Intermon Ofxam. Aunque quizás nos es posible, observando algo de lo que nos rodea, percibir de forma directa que el sueño de una mayor igualdad se está truncando. Las nuevas generaciones han tenido una mejor educación que sus padres, y eso les está sirviendo para una emigración forzada o para lograr empleos precarios y peor pagados que hace una década, y quizás estemos mencionando a sus miembros más afortunados. La precariedad y la ejecución rigurosa de la ley del mercado, tan amados por los neoliberales salvo cuando se trata de salvaguardar sus propios asuntos, se convierten en una severa doctrina para la inmensa mayoría, mientras que en la cima nada cambia salvo la permanente acumulación de bienes en manos de unos pocos.

El dominio financiero de la economía proclama que la desigualdad no hace más que recoger las evidentes diferencias entre los seres humanos. Decretar que el significado de las palabras desigualdad y diferencia es el mismo, es una de esas maniobras que después permiten que nada nos parezca extraño, cuando lo es, y mucho.

Marià Moreno

82. Post del lunes – 29.02.16 – Diferentes, no desiguales