Archivo Etiqueta: Esperanza

El Canto de nuestra Especie – Crónicas del Coronavirus (5)

El gran Josep María Espinás escribió una magnifica evidencia: per primavera les dones floreixen (en primavera las mujeres florecen). Es cierto. Ha bastado que los rayos del Sol sostuvieran una mínima presencia. Para que en Barcelona, desde donde estas líneas se escriben. Algunas mujeres nos regalaran, camino del supermercado, una explosión de vida como solo ellas pueden aportar. Este aprendiz de cronista, tiene, con todo, alguna duda respecto a si invocar a un maestro entre maestros, es venia suficiente para introducir la belleza femenina. Como si la Belleza no fuera junto a la Bondad y la Verdad, la triada de valores que ya desde Platón nos orientan hacia el buen vivir.

Tras poner bajo sospecha la glosa de la Belleza, hemos desterrado la Bondad, acusada siempre de buenísimo cuando no directamente de bobería. Nos queda la Verdad. Se hace necesario traer a Joan Manel Serrat y a su impecable aviso: “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio“.

La Verdad. En este tiempo de verdad maleada, atracada, secuestrada y por supuesto, denostada. ¿Alguien puede hablar desde ella? No, sin un descarado atrevimiento, algo que en una crónica no debe faltar.

Una Verdad sí recorre el planeta entero, atraviesa océanos, escala montañas, desciende a los valles, sigue el curso de los ríos y se detiene ante cada puerta de cada pueblo, de cada comunidad. Esa Verdad es el Canto de nuestra Especie.

Es el Canto que proclama que de esta crisis debemos salir mejores, diferentes, apreciando la vida, construyendo un mundo para todos, rechazando por siempre jamás que todo se convierta en mercancía. Más unidos, más conscientes, más hermanos de una punta a otra del planeta. Más espíritu, menos materia, mucho más “Seres” y por lo mismo más humanos.

El Canto se extiende de norte a sur y de este a oeste, porque no hay otra posible respuesta y ¿Acaso puede haber otra propuesta? Su letra repite sin desmayo lo que nos basta con mirar para que podamos verlo: “Si la amenaza es global, la actuación de nuestra especie también debe ser global“. Sin embargo, anclado en su caduco bastión, el axioma del estado-nación proclama que todo debe seguir siendo local. No le conmueven 200.000 muertos, como no lo harían tampoco 2 millones. Porque para él solo cuentan sus “propios muertos”. Aunque, ¡Oh paradoja! le cueste hasta llevar “la cuenta”.

Nuestra especie existe solo como objeto de clasificación biológica. Es utilizada sin sonrojo para el alegato y mucho, infinitamente menos, para la acción. No conocemos ningún documento que declare a su portador “ciudadano del mundo”. Sujeto de leyes, derechos y obligaciones universales. En lugar de eso se siguen expidiendo cartas de identidad nacionales, que perjuran porque prometen una protección que no está en sus manos. Porque nunca un virus ni tampoco el mal viento han respetado frontera alguna.

Sin embargo, nuestra especie pugna por despertar su conciencia. Esta no es la primera vez que ha roto a cantar. Lo hizo tras el inconmensurable horror de la Segunda Guerra Mundial. Entonces, una mujer, Eleanor Roosevelt, supo escucharlo, acogerlo y convertirse ella misma en la persona decisiva para legar a la Humanidad lo que sigue siendo nuestro primer referente. Nuestro inexcusable horizonte: La Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Nuestra Especie está cantando ¿Lo hace lo suficientemente alto? ¿Lo hace lo bastante claro? ¿Qué mujer va a asumir de nuevo el reto de escucharlo?

Marià Moreno

10. MasAllaDelLunes – Cr. Cor. (5) – El Canto de nuestra Especie – 26.04.20

El futbolín – Cronicas del Coronavirus (3)

Afirmar que el COVID-19 es un virus global es enunciar un hecho. La enorme popularidad del fútbol también lo es, sin duda, ya que puede estar alcanzando a 4.000 millones de personas. Si consideramos el planeta como el terreno de juego donde el equipo del COVID-19 está jugando su partido, vemos que no hay nada de particular en que pueda moverse por todo el campo. Eso es lo que hacen los jugadores de un equipo de fútbol, con la conocida excepción del portero.

Si podemos seguir imaginando, y le ruego al lector que lo haga, el mundo como un inmenso campo de fútbol, tras observar la movilidad del COVID-19, ahora nos falta ver cómo se mueven los jugadores rivales. Son los del equipo de la Humanidad. Está claro, no tardamos nada en percibir que se limitan a recorrer una zona muy concreta del campo: la suya. Aunque están repartidos por todo el terreno de juego y se esfuerzan por jugar la pelota y lanzarla hacia sus compañeros. No salen nunca de su propio territorio.

Llegamos a la tan increíble como cierta conclusión, que el equipo de la Humanidad, pretende ganar el partido contra un equipo global como es el COVID-19, haciendo que sus jugadores se comporten exactamente como lo hacen los de ¡Un futbolín! No se tiene noticia que un equipo así, por más pertrechado y sofisticado que se haya conseguido reunir, haya ganado nunca ningún partido ante otro dotado de plena movilidad. El resultado de los partidos siempre ha sido el mismo. El futbolín ha perdido por una apabullante goleada. Si la Humanidad sigue haciendo jugar así a su equipo y pretende ganar algún encuentro, no se trata de entrenar mejor a sus jugadores, de que estén mejor comunicados o coordinados. Se trata de algo absolutamente obvio: deben poder moverse por todo el campo tal y como lo hacen sus rivales.

El partido contra el COVID-19 se ha perdido, las muertes, el hundimiento económico, lo atestiguan. Solo queda limitar los daños y después, con suerte, reparar. Al mismo tiempo se anuncian nuevos enfrentamientos en las “grandes ligas” que la Humanidad está llamada a jugar. El Cambio Climático, tan global como el COVID-19, ya ha lanzado el reto. La primera respuesta ha sido la misma que con el COVID-19: decirles a los jugadores del futbolín que se esfuercen más, que se entrenen mejor, que colaboren más estrechamente, si les es posible.

Una parte cada vez mayor de la afición se desespera ¿Cómo no se da cuenta la directiva de cuál es el problema real? Toda ella se esfuerza por vitorear a sus jugadores. Sin duda son mucho mejores que sus oponentes. ¿Pero hasta cuándo tendrán que disputar los partidos sin que la Humanidad pueda moverse realmente por todo el campo, imponiendo su autoridad, como hacen sus rivales?.

Sin duda la idea de que cada jugador tu viera su propio territorio, y su propio entrenador, fue buena cuando en el partido solo se planteaban problemas que cada jugador podía resolver desde su propia zona, o junto a alguna vecina. Seguirá siendo así en innumerables ocasiones. Pero no siempre, el fútbol ha  evolucionado mucho. La nueva movilidad de los rivales, su capacidad para actuar en todo el campo, resulta decisiva. La Humanidad debe hacerlo también. La posición del jugador es solo una referencia pero el partido ahora es global, por más que la directiva se niegue a escuchar, rechazando lo evidente.

¿Alguien se atreve a explicarles a los niños y niñas que inundan habitualmente miles de campos de fútbol en todo el mundo, que es mucho mejor jugar con 11 entrenadores y 11 tácticas que con solo una? ¿Qué es mucho mejor que se queden clavados en su propia zona del terreno, que no que puedan correr para apoyar a quién lo necesite? ¿Quién se atreve, entonces, a decirle a la Humanidad que no es necesario que se dote de organismos globales con capacidad y autoridad real para actuar? ¿Quién se atreve a seguir sosteniendo que cuando el partido se juega en el planeta entero, la respuesta debe ser local bajo la exclusiva soberanía de cada jugador?

Marià Moreno

8. MasAllaDelLunes – Cr. Cor. (3) – El futbolín – 05.04.20

Confinados ¿Con qué fin? – Crónicas del Coronavirus (2)

Los medios nos indican que 3.000 millones de personas se encuentran confinadas, cerca de la mitad de la Humanidad (7.500 millones).

Naturalmente los grados de confinamiento son diversos pero en general podemos afirmar que todas esas personas se encuentran sujetas a una acción

común, con una etiqueta única y concreta: “confinamiento“. Hasta ahora la acción conjunta de una ingente cantidad de personas parecía reservada al seguimiento de las enormes audiencias televisivas, a menudo deportivas, aunque algunas fuentes sitúan históricamente en el primer lugar a los funerales de Michael Jackson y Lady Di. En cualquier caso, es un hecho, se está desarrollando una gigantesca e inesperada acción conjunta por parte de una cifra de personas sin precedentes. Si preguntamos con qué fin se produce. La respuesta es directa: el confinamiento se dicta con el fin de evitar la interacción social que es el medio de contagio del Coronavirus.

Para muchas personas ahí se acaba la cuestión. Sin embargo, la magnitud de lo que ocurre, sus casi infinitas ramificaciones, están invitando a otras personas a considerar que la cuestión, justamente, empieza ahí.

Probablemente podemos afirmar que escapa al intelecto humano la plena comprensión de un fenómeno como el que vivimos. Demasiado vasto, sin embargo, al menos, podemos anotar algo de lo que alcanzamos a ver. Casi la mitad de la humanidad hace algo realmente parecido a la vez. Añadimos que se nos dice que la comunidad científica ha alcanzado, en su lucha contra el virus, una unidad de acción planetaria desconocida hasta el momento. El diario El País publica una entrevista con el filósofo y jurista italiano Luigi Ferrajoli, que está impulsando la instauración de una “Constitución de la Tierra“, que instituya una esfera pública internacional a la altura de los desafíos globales y, en particular, funciones e instituciones supranacionales de garantía de los derechos humanos y de la paz. Al mismo tiempo vemos como los gobiernos piensan y actúan local, pero no global. Incapaces de ponerse de acuerdo incluso en un terreno tan abonado como parece ser la Unión Europea. Incapaces de superar la oscura sombra de su propia estampa.

Cuando todo haya pasado. Cuando volvamos a la normalidad ¿Qué demostrará haber sobrado en esta crisis? ¿La humanidad haciendo algo a la vez? ¿La comunidad científica unida globalmente? ¿La “Constitución de la Tierra” y su evidente necesidad? ¿Los gobiernos que demuestran su firme y obstinada creencia de que, pase lo que pase, el centro del mundo es su propio ombligo?

Es tiempo de cerrar filas, de disciplinado acatamiento. Por supuesto. Pero quizás podamos ser muchos los que observemos y desde nuestras propias conclusiones, empecemos a considerar, sin fantasías, qué debe suceder en el fin del confinamiento. Cómo vamos a poder saludar lo nuevo que nos trae la situación y enviar definitivamente al cajón de la historia lo que demuestra su obsolescencia, lo que ya, como Humanidad, no nos sirve.

Marià Moreno

7. MasAllaDelLunes – Cr. Cor. _2_ – Confinados – Con qué fin – 28.03.20

Cronicas del Coronavirus (1)

Ni ocell, ni cant
només un caminant
 
(ni pájaro, ni canto, solo un caminante)
 
Detrás de toda crisis se encuentra la esperanza de que cuando se resuelva, salgamos de ella mejores, más dignos, resueltos a cambiar cuanto debe ser cambiado. La devastación de la Gran Guerra unida al espanto ante el horror nazi, permitieron alumbrar la Declaración Universal de los Derechos Humanos, hasta hoy, el mejor regalo que la Humanidad ha sabido darse a sí misma.
 
Esa esperanza es hija del sentido que nuestra especie necesita para andar sus días, por paradójicamente desesperados que estén siendo. Podemos soportarlo todo, pero para ello el futuro debe ser mejor. Si no vamos a ser capaces de construir algo más bello, más noble: ¿Qué sentido tiene lo que estamos pasando?
 
El empeño de la nueva construcción va de la mano de la intensidad con la que grabemos lo que estamos viviendo. El instinto de supervivencia es tan primario y poderoso, su mandato es tan directo e intenso que anula cualquier otra razón que no sea la que enérgicamente impone, y por lo mismo también lo hace con la emoción. No se puede dialogar con él.
 
Sin embargo quizás sí nos sea posible anotar algo: Un destello. ¿Qué sentimos cuando no podemos acercarnos al mostrador? ¿Cuándo nos apartamos en una cola ante cualquier presencia humana? ¿Cuándo en definitiva, parece que cualquiera nos pueda poner en riesgo?
 
¿Qué sentimos cuando el otro es una amenaza?
 
Si en nosotros puede al menos tintinear un ligero eco de lamento o de tristeza. Si entendemos que la imposibilidad de un abrazo nos deja, inertes, varados en la playa desierta de una unidad superviviente hoy, pero que no puede tener sentido mañana.
 
Nos separamos, nos aislamos, nos confinamos y quizás al hacerlo podamos intuir, siquiera levemente, cuánto necesitamos ser y estar con ese mismo otro al que ahora alejamos. Cuánto necesitamos vivir con y para los demás.
 
Quizás podamos darle sentido a tanta ausencia y cuando podamos volver a darnos la mano, abrazarnos y besarnos. Nos propongamos crear un mundo para nosotros mismos y para todos esos otros, conocidos y desconocidos, a los que, casi sin poder sentirlo, tanto estamos añorando.
 
Marià Moreno

7.455 descargas

Mis dos novelas publicadas en formato digital y con descarga gratuita, se muestran activas respecto a las descargas en Literanda.

 

Aquí tienes los enlaces para descargarlas gratis.

Conciencia de Especie

http://www.literanda.com/librerias/autor/narrativa-contemporanea/moreno-maria/212-conciencia-de-especie

 Un Lugar para Morir, un lugar para nacer

Literanda – Un Lugar

Si quieres saber más de ellas, y del resto de mi bibliografía, puedes acceder a la página “Escritor”.

El mundo en la cabeza (caber)

Demasiado complejo, vasto, diverso o simplemente ininteligible. Esas son las bienintencionadas excusas que nos exoneran de que “el mundo nos quepa en la cabeza”. Irredentos transformadores, optamos por especializarnos:  “nueva economía; “cambio climático; “igualdad de género” o “educación” e incluso “revolución espiritual”. Se convierten en nuestras particulares divisas para lograr que “otro mundo sea posible”. Soñamos (y el verbo está bien empleado), con el hecho de que una de ellas sea la palanca decisiva que mueva todo lo demás.

Cualquier observación, hasta la más benévola, de la realidad mundial tiene por fuerza que llegar a una obvia conclusión: “no pierdan el tiempo en mejorar nada, si de verdad quieren lograr algo, simplemente deben borrarlo todo, eliminarlo. Hacer que el viento de la Historia lo entierre en la ciénaga más profunda del último rincón del Universo.

El Juego, diseñado y establecido por el Poder, ha alcanzado una fase tan terminal como inesperada: Nadie está al mando. Apenas llegan noticias de las proezas de personajes de nula altura intelectual y peor moral, que dotados de una ignorancia insuperable, creen estar erigiendo un nuevo orden. Cuando en realidad lo único que están haciendo es dar inútiles manotazos de ahogado. Su mundo ya ha muerto, carece del más mínimo futuro. Nuestro problema es que esos manotazos son los mismos que dan la estocada final a un mundo que también es el nuestro. No tenemos otro.

El primero de los Principios Herméticos determina que “El TODO es mente; el universo es mental”. Que nada que no haya sido pensado antes puede devenir real. Si este mundo no nos cabe en la cabeza ¿Cómo vamos a ser capaces de concebir otro? Nos entregamos a las partes obviando que el Todo solo se transforma desde el Todo. Que la única posibilidad de que “otro mundo sea posible” es que alguien pueda pensarlo primero, entero. Que a alguien sí le “quepa en la cabeza”.

“La Esperanza ve lo que todavía no está y será”. Hace tiempo que se alcanzó la conclusión de que el fuego surgió simultáneamente en miles de lugares, en un espacio de tiempo relativamente corto. Como si nuestra especie ya estuviera preparada para disponer de él. La Esperanza es lo último que se pierde porque tan solo ella permaneció en la Caja de Pandora. Por eso siempre la hemos conservado.

No nos cabe el mundo en la cabeza, pero es posible que en estos momentos, por la misma mezcolanza infinita que nos hace aparecer como incomprensibles, con la misma simultaneidad que el surgimiento del fuego, se estén concertando encuentros y creando hogares. A la vez y de una vez. Encuentros donde la diferencia: de edad, cultura, creencias, origen. Hará que los nacidos en esas nuevas familias sean el vivo testimonio de lo que nunca antes pudo ser.

Quizás sean ellos los llamados, por miles y cientos de miles, a que un nuevo mundo sí quepa en sus cabezas. Serán los soñadores qué pensarán y construirán desde el Todo.

Que nuestra realidad haya sido necesaria para llegar hasta ellos, dará sentido a lo que ahora vivimos. Mientras tanto, seguiremos trabajando en la divisa que hemos elegido, nos esforzaremos tanto como siempre hemos hecho. Mientras tanto también, si escuchamos que una voz infantil nos formula lo que nos parece una pregunta extraña. Hagamos que nuestra respuesta no cierre su mente ni su mirada, al contrario, que abra las dos de par en par. Es posible, solo posible, que estemos hablando con alguien que se está entrenando para que el mundo sí le quepa en la cabeza.

Marià Moreno