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El “sacro” interés propio

Sostener que todo cuanto sucede, al menos en economía, puede recibir el nombre de “Juego”, puede ser acusado de intento de banalización, dado que esa misma palabra la utilizamos para cuestiones mucho más leves. Sin embargo, la consideración de que es así, nos permite formular aproximaciones que pueden llegar a explicar una parte no menor de la realidad.

La naturaleza del Juego es de tal magnitud que nadie escapa a él. Ha logrado que todas las personas, en todas partes, tomen parte activa. Como en cualquier contienda que se precie, todas van a recibir la etiqueta de ganadora o la de perdedora. La línea central del juego, la que marca la dinámica general no es aleatoria, sino que la impone quién, en cada momento, ostenta la posición de ganador. Lo que obviamente produce que quien se considera perdedor trate de cambiar las tornas, o lo que es lo mismo, de cambiar el rumbo central. No es este el lugar para dirimir la diferencia entre lo económico y lo social, pero baste anotar que con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el número de ganadores fue tan grande como la práctica Humanidad, y el de perdedores podemos considerar que fue inapreciable, pero los hubo. El advenimiento de un sistema económico que incluía lo social en Europa, también produjo un número ingente de ganadores y mucho menor de perdedores, pero los hubo, y quizás fueran los mismos que perdieron antes. La revolución eclesial dictada por el Concilio Vaticano II pudo haber generado un gran número de ganadores, pero esta vez los perdedores supieron reaccionar a tiempo, paralizando la enorme amenaza que suponía contar con una Iglesia Cristiana.

Los perdedores de hace unas cuantas décadas, que siempre han considerado inadmisible la existencia de Derechos Humanos Universales y que también consideran que el Estado no debe servir para otra cosa que para socializar sus pérdidas, y que su tarea no es garantizar nada a nadie.

Una regla básica del Juego es que nada esté garantizado, que absolutamente todo el mundo tenga que levantarse cada mañana para “buscarse la vida”. Pero alguien sí puede gozar de amplias garantías. Evidentemente, tenerlas significa que se trata de un ganador.

La línea central del juego marca decididamente la supremacía de los “intereses propios”. Y con ello asume y aspira a una extrema individualización. De formar parte de lo obvio, como demuestra la constante negociación para construir Europa, el interés propio ha elevado su posición de forma que ahora es sacro. Basta alzar su bandera para que genere cualquier cosa: El Sr. Trump, el Brexit, la descomposición de la Unión Europea, o en nuestra piel de toro, vender armas a quién sea.

Partiendo desde el plano personal, cuando nos agregamos en cada contexto comunal: familia, barrio, ciudad, región, estado. Esa agrupación contiene una fuerza que la impulsa hacia la individualización, al reclamo de que “su interés” sea satisfecho, a veces a cualquier precio. Esto no es nuevo, quizás incluso sea inherente al propio desarrollo humano. La novedad es la capacidad que han tenido los perdedores para convertirlo en el eje central de todo, de forma que ya son los ganadores, capaces incluso de que se dispare el número de millonarios en medio de uno de los mayores marasmos económicos de la historia.

Cuando un contexto comunal no es capaz de enlazarse nítidamente con otros contextos de nivel superior, el Juego utiliza a fondo esa incapacidad. Si los estados europeos no saben construir una Europa común, quizás sea también porqué sus ciudadanos han decidido que solo les importa su “bendito” país, como si él solo fuera capaz de solucionar realmente sus problemas. Pero, salvo esa devoción por los sacros “intereses propios de su país”, no parece que se pongan de acuerdo en demasiadas cosas más.

Una necesidad esencial del progreso, es la voluntad del ser humano de sentirse “parte de algo más grande que él”. La inteligencia de los actuales conductores del Juego se pone de relieve, al ofrecer un “algo más grande” limitado y enmarcado como lo están los muros de un cuartel. El resultado es que el conflicto ya no es el paso previo al acuerdo. El conflicto es una batalla, una guerra, que en su más literal expresión quizás solo se está parando por el arsenal militar acumulado.

Hoy, aquí, el nervio de lo que acontece dicta el resurgimiento de lo local, esgrimiendo una falsa posición comunal. Que lo es por qué ignora que también en este mismo instante lo que es realmente común sigue estando en el mismo lugar que siempre ha estado: “ninguna persona será realmente libre hasta que todas no lo sean”; “cada brizna de hierba es el Planeta Tierra entero”.

Marià Moreno

1. MasAllaDelLunes – El sacro interés propio – 25.11.18-a

 

Brasil en peligro

Ante quien corresponda

En respuesta al llamamiento realizado por el eminente sociólogo Manuel Castells, declaro:

Como humanista, cooperativista y pensador catalán y en mi único nombre.

Que Brasil me concierne y nos concierne a todas las personas, que Brasil es una esperanza para el mundo y con él para la Humanidad, y que ruego a todas las personas de Brasil que el próximo día 28 de octubre hagan posible que la llama de esa esperanza siga viva, más aún porque habrán sido capaces de apartar de sí la faz de la oscuridad y del totalitarismo.

Marià Moreno

 

Para quem corresponde.

Em resposta ao apelo feito pelo eminente sociólogo Manuel Castells, declaro:

Como pensador humanista, cooperativista e pensador catalão e em meu único nome.

Que o Brasil me preocupa e preocupa todas as pessoas, que o Brasil é uma esperança para o mundo e com ele para a humanidade, e que eu rezo a todas as pessoas do Brasil que no próximo dia 28 de outubro tornem possível a chama disso a esperança ainda está viva, ainda mais porque eles poderão remover de si mesmos a face das trevas e do totalitarismo.

(Publicado no Blog de Marià Moreno –goo.gl/G44teY)

 

Subject: Carta abierta de Manuel Castells a los intelectuales del mundo

Amigos intelectuales comprometidos con la democracia:

Brasil está en peligro. Y con Brasil el mundo. Porque después de la elección de Trump, de la toma del poder por un gobierno neo-fascista en Italia y por el ascenso del neonazismo en Europa, Brasil puede elegir presidente a un fascista, defensor de la dictadura militar, misógino, sexista, racista y xenófobo, que ha obtenido 46% en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Poco importa quien sea su oponente. Fernando Haddad, la única alternativa posible, es un académico respetable y moderado, candidato por el PT, un partido hoy dia desprestigiado por haber participado en la corrupción generalizada del sistema político brasileño. Pero la cuestión no es el PT, sino una presidencia de un Bolsonaro capaz de decir a una diputada, en público, que “no merece ser violada por el”. O que el problema con la Dictadura no fue la tortura sino que no matara en lugar de torturar. En una situación así, ningún intelectual, ningún demócrata, ninguna persona responsable del mundo en que vivimos, podemos quedarnos indiferentes. Yo no represento a nadie mas que a mi mismo. Ni apoyo a ningún partido. Simplemente, creo que es un caso de defensa de la humanidad, porque si Brasil, el país decisivo de América Latina, cae en manos de este deleznable y peligroso personaje, y de los poderes fácticos que los apoyan, los hermanos Koch entre otros, nos  habremos precipitado aun mas bajo en la desintegración del orden moral y social del planeta a la que estamos asistiendo. Por eso les escribo a todos ustedes, a los que conozco y a los que me gustaría conocer. No para que suscriban esta carta como si fuera un manifiesto al dictado de políticos. Sino para pedirles que cada uno haga conocer públicamente y en términos personales su petición para una active participación en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, el 28 de octubre, y nuestro apoyo a un voto contra Bolsonaro, argumentándolo según lo que cada uno piense, y difundiendo su carta por sus canales personales, redes sociales, medios de comunicación, contactos políticos, cualquier formato que difunda nuestra protesta contra la elección del fascismo en Brasil. Muchos de nosotros tenemos contactos en Brasil, o tenemos contactos que tienen contactos. Contactémoslos. Un what’s app es suficiente, o una llamada telefónica personal. No nos  hace falta un #.  Somos personas, miles, potencialmente hablando a millones, en el mundo y en Brasil Y porque a lo largo de nuestra vida hemos adquirido con nuestra lucha e integridad, una cierta autoridad moral, utilicémosla en este momento antes que sea demasiado tarde.

Yo lo voy a hacer, lo estoy haciendo. Y simplemente ruego que cada una/uno haga lo que pueda.

Manuel Castells

La construcción espiritual (y 7) – Amor

Es habitual en el Post del Lunes que cuando una de sus series se cierra, en su última entrega aparezca una “(y)” que indica que el post la finaliza. Sin embargo, el último publicado en la serie “La Construcción Espiritual”, el 14 de mayo pasado y dedicado al Desapego indicaba tan solo “(6)”. Ciertamente faltaba uno. El camino del Post del Lunes ha hecho que sea ahora el momento de culminar la serie, y por lo mismo, y de manera definitiva, esta etapa del Post del Lunes.

El amor, ese acto humano tan cierto como intangible, es la primera manifestación del Espíritu y con ella se convierte en la llama, en el motor generador de la ignición que da paso a la construcción. El amor otorga el primer sentido al propósito, y es a través de él que pueden hacerse presentes los atributos que la componen. Desde su presencia, la Perseverancia, la Paciencia, la Espera, la Confianza, la Facilidad y el Desapego encuentran el cauce que les permite manifestarse. Amar es el primer paso.

El discernimiento realiza su aportación de forma que “amarse a uno mismo” se encuentre presente. Que la entrega a un propósito fielmente a la “bondad para con uno”.

La plena conciencia de la permanente presencia de la benevolencia, dentro y fuera, encuentra una expresión sensible en la aparición de la belleza. Los actos y las consecuencias de la construcción la poseen. El amor es la argamasa, el forjador del vínculo que trena toda la construcción y la belleza su inseparable aliada. No amamos todo lo que percibimos como bello, pero sí lo es todo cuanto amamos.

La condición del amor en la Construcción Espiritual es su total ausencia de condiciones. Son la pesada cadena que lastra el propósito espiritual. La existencia y exigencia de requerimientos mina la Perseverancia, destruye la Paciencia, imposibilita la Espera, hunde la Confianza, somete a la Facilidad y desconoce el Desapego.

Expresamos un intento de recapitular lo que hemos expresado respecto a la Construcción Espiritual y su dinámica.

Atributos de la Construcción Espiritual – Aportaciones y Ausencias
Atributo Aportación Ausencia de
Perseverancia Hacer Reiteración consciente de los actos adecuados para conseguir el fin (la construcción) deseada Obstinación (por contener necedad). Desesperanza.

Encendido anhelo del logro

Paciencia Libertad Desliga el trabajo en las causas de una predefinición temporal de la llegada de los efectos Precipitación de la acción ante la imposibilidad de resistir el transcurso del tiempo
Espera Serenidad Estado. Se alcanza cuando el discernimiento aporta la certidumbre de la llegada del fin constructor Ilusión. Fantasía (el discernimiento no actuaría)
Confianza Humildad En las capacidades propias Vanidad. Desafuero. Desatino
Facilidad Camino. Ruta Sostenibilidad. Ausencia / contención de la erosión. Desgaste irreparable
Desapego Integridad Impecabilidad Orgullo
Amor Belleza Argamasa. Vínculo. De condiciones

 

Construcción Espiritual – Acción Espíritu y Discernimiento
Atributos Espíritu / Ser Inmaterial

Génesis inmaterial, propia e interna

Juicio / Discernimiento

Uso permanente

Perseverancia Genera la conciencia de que lo que hace y se repite es adecuado Elige la acción adecuada
Paciencia Acompaña el actuar consciente carente de marcos temporales Comprende que nada puede suceder hasta que no se dan las condiciones que lo hacen posible
Espera Inspira la seguridad íntima que mueve a aguardar a que acontezca. Determina la certidumbre de la llegada del propósito de la construcción
Confianza Estimula el aprendizaje Evalúa las capacidades propias
Facilidad Da sentido al esfuerzo Aporta Transitabilidad. Que el esfuerzo sea operable
Desapego Aporta la conciencia del propio ser Denuncia la presencia del interés malogrador
Amor Prende la llama Aprecia la Bondad para con uno

 

Marià Moreno

El Blog de Marià Moreno

187 ad. Post del lunes – 17.08.18 – La construcción espiritual (y 7) – Amor

Belleza y razón

Bello, lla: (1) Que, por la perfección de sus formas, complace a la vista o al oído y, por ext., al espíritu. (RAE) 

Razón: (1) Facultad de discurrir. (RAE)

La belleza, cualidad de lo bello, nos alcanza cuando percibimos algo que es grato a nuestro sentidos. La percibimos, la sentimos, pero raramente podemos razonarla, simplemente “es”. La razón se dirige directamente a nuestro intelecto y con él a nuestro raciocinio. Tenemos plena capacidad para expresarla, para describir con el detalle que sea necesario el porqué y la conveniencia de nuestro pensamiento.

La razón encuentra plena explicación en sí misma, mientras la belleza aparece como algo mucho más arbitrario, tan subjetivo como lo es la persona que dice encontrarla en lo que sea que le mueve a otorgar el atributo de bello.

Sin embargo, esa arbitrariedad no es tan cierta. En absoluto. La belleza contiene equilibrio y amor, y es su acción conjunta lo que lleva a nuestros sentidos a proclamar su presencia.

El equilibrio rechaza lo extremo, haciendo que su presencia confiera descanso al espíritu. El reposo de lo equilibrado permite abrir paso a la real capacidad para contemplar al tiempo al observador y a lo observado. Es el “fuera” que nos lleva al “dentro”. Es esa mirada la que nos permite reconocer el amor con el que se ha construido lo que contemplamos. La alianza se nos hace evidente y es entonces cuando lo bello simplemente “es”.

El extremo, presume de estar dotado de un evidente dinamismo, y, desde él, nos lleva a la atracción de que es capaz de resolver “de una vez” cualquier duda y singularmente cualquier miedo.

Acumulamos, más allá incluso de la saciedad, gobernantes, de lejos y de cerca, anclados en el extremo. Quizás por eso, sus actos, siempre dotados de impecables razones, carecen de la más mínima belleza.

Marià Moreno

183. Post del lunes – 28.05.18 – Belleza y razón

La mirada benevolente

Benévolo: Que tiene buena voluntad o simpatía hacia las personas o sus obras. (RAE)

Señalar que la benevolencia (cualidad propia de la persona benévola), ha sido desterrada de nuestra vida pública no supone más que mencionar lo que es obvio.

En una de las tantas traslaciones que las palabras contienen, actuar “de buena voluntad” en realidad quiere decir que quien así hace es un ingenuo o un cándido, cuando no directamente un bobo o peor aún, un ser débil.

Sin embargo, la mirada benevolente es la única capaz de transcender el abismo que los hechos a menudo construyen. La buena voluntad incluye la disposición a que el resultado sea un “poco menos de lo propio y un poco más de lo del otro”. Por eso cuando dos personas dotadas de esa “voluntad buena” se encuentran, lo que sucede es que el equilibrio deja de ser un punto teórico. Pero parece que en este momento únicamente nos importa disponer de dirigentes con “voluntad de hierro”, aunque ni en su mirada ni en esa misma voluntad se pueda encontrar el menor rastro de bondad.

Marià Moreno

La construcción espiritual (6) – Desapego

La construcción espiritual se dinamiza en virtud de un propósito, un fin o un estado que se desea alcanzar. Su hacer perseverante, paciente y sereno no resulta ajeno a la voluntad de logro. Sin embargo, con la construcción va también el desapego.

El discernimiento, en relación con el desapego, advierte de la presencia del interés que malogra los frutos que se persiguen. Quién tan solo se orienta a los fines, a menudo no repara en los medios. Cuando los medios se subordinan a los fines, es sencillo determinar que no es posible otorgar ningún sentido espiritual al hacer. Desapegarse de la obtención de los frutos no implica anular su deseo, sino acometer la tarea desde la conciencia de que el camino resulta tan esencial como el destino, y de que es el buen camino quien lleva al buen destino. Lo que resulta imposible si el camino carece de bondad.

El Espíritu, con el desapego, aporta la conciencia del propio ser. Quizás sea el atributo de la construcción espiritual que cuestiona de forma más directa al ego, el gran impostor. Ninguna manifestación egoíca puede acercarse al desapego, porqué son justamente los apegos y singularmente la vanidad y el orgullo quienes determinan su acción. Solo cuando el ser obra con plena conciencia de sí mismo, es capaz de desprenderse de los atavíos que pueden confundir tanto los medios como los fines.

El desapego demanda actuar desde la identidad real del ser, y cuando es así, aporta a la construcción la integridad que acompaña a la impecabilidad.

Es el espíritu, el ser dotado de discernimiento, quien acomete la construcción, manifestando así su voluntad de alcanzar un fin. Es el desapego quién le permite hacer desde sí mismo, dejando atrás las trampas que la máscara egoíca pone en juego.

Marià Moreno

181. Post del lunes – 14.05.18 – La construcción espiritual (6) – Desapego

 

La construcción espiritual (5) – Facilidad

La construcción espiritual contiene un propósito que dinamiza su emprendimiento. Conlleva trabajo en una cantidad incluso elevada. Por tanto, la presencia de la facilidad en la construcción, no puede implicar ni ausencia de esfuerzo ni que la tarea sea escasa o menor, y por lo mismo tampoco que resulte sencilla en su realización.

La facilidad en la construcción espiritual se refiere a que quien la protagoniza siente, en todo momento, que posee lo que le es necesario y que puede renovarlo de manera indefinida. La facilidad implica la sostenibilidad de la tarea dado que su ejecución no erosiona ni menoscaba lo que pone en juego.

La construcción es siempre abundante. Lo que le es esencial o bien permanece en ella siempre o puede ser renovado sin mayor contratiempo. Con la facilidad, el discernimiento está aportando la verificación de que el tránsito es posible, que el esfuerzo resulta operable. Por su parte, el Espíritu confiere “sentido” a la acción.

La construcción espiritual toma de la facilidad la generación del camino, de la ruta a transitar, que resulta posible desde una tarea tan dotada de sentido como exenta de erosión.

Un camino posible, ajeno al desgaste destructor, y con sentido aporta la Facilidad que se materializa en un hacer (Perseverancia), que es libre tras desligar el vínculo temporal de causas y efectos (Paciencia), sereno desde la certidumbre de la llegada del propósito (Espera), y humilde ya que esa es la condición de quién es más aprendiz que maestro (Confianza).

Marià Moreno

La construcción espiritual (4) – Confianza

En la construcción espiritual la confianza subraya la necesidad de la aplicación del juicio. Esto es así por cuanto la confianza supone el convencimiento de poseer las capacidades y habilidades necesarias para lograr el fin deseado. Es el discernimiento quien debe evaluarlas, y es solo tras ese examen que la confianza puede hacerse presente.

La aportación del espíritu se pone de manifiesto cuando ante la evidencia de alguna carencia, impulsa el aprendizaje. La confianza muestra, entonces, la presencia de la humildad, en tanto que condición indispensable para adquirir conocimiento.

La confianza se destruye a si misma si la vanidad la enmascara, por cuanto no será cierto que se posee lo necesario ni tampoco permitirá aprender lo que infundadamente se dice tener o peor aun se esfuerza en ignorar. Asimismo, nacida lejos de cualquier fuente externa, no concibe la expresión del desatino de considerar que algo será dado de manera graciosa. La construcción espiritual nace en el interior y se proyecta hacia afuera, es por ello que no puede recibir nada que no sea capaz de dar primero.

Conocer las propias posibilidades, tanto las que se tienen como las que se pueden alcanzar. Ser más un aprendiz y menos un maestro. Dar y aportar para que fuera resuene lo que ya está dentro. La presencia de la confianza revela todo esto.

Andada algo más de la mitad del camino en la descripción de los atributos de la Construcción Espiritual. Quizás sea bueno realizar una primera recapitulación, con la ayuda de la hasta ahora nada usual presencia de un elemento gráfico en el Post del Lunes.

De manera sintética la imagen nos muestra como el discernimiento aporta lo que considera acciones adecuadas, dotándolas de la firme creencia de que nada llegará hasta que no se den las condiciones. Determina también la certeza de la llegada del propósito, naturalmente vinculado a la reiteración de los actos, al tiempo que aporta la evaluación de si las capacidades y habilidades que se poseen permiten el logro del propósito.

El Espíritu valida las acciones adecuadas al aportar la conciencia de que realmente lo son, mientras desliga las causas y los efectos del yugo temporal. Aporta también el sentimiento necesario para alcanzar el estado de espera y la humildad necesaria para aprender lo necesario.

La confianza es un atributo necesario en el inicio de la construcción, mientras la perseverancia, la paciencia y la espera se muestran (o demuestran) durante su transcurso.

La perseverancia posibilita “el hacer”; la paciencia logra que sea “en libertad”; la espera aporta “la serenidad” y la confianza “la humildad”. En conjunto logran alejar de la construcción la obstinación (siempre necia); la desesperanza y el anhelo inmoderado del logro (polaridades invalidantes); la precipitación (inoportuna y derivada de no resistir el paso del tiempo); la ilusión y la fantasía (hijas del no juicio); la vanidad (incapaz de discernir) y el desatino (de pretender recibir sin antes dar, de que fuera se dé lo que no está dentro).

La observación de los atributos de la construcción espiritual seguirá ocupando a este Post en sus próximas entregas, pero sea esta la serie donde se dé la doble novedad de la aparición de una imagen y de una recapitulación intermedia.

Marià Moreno

179. Post del lunes – 30.04.18 – La construcción espiritual (4) – Confianza

La construcción espiritual (3) – Espera

Como toda construcción humana, la espiritual nace desde un propósito o fin deseado. Adquiere su calificativo por su capacidad de combinar una génesis inmaterial, propia e interna, con el uso permanente del juicio o discernimiento, al tiempo que pone en juego un conjunto de atributos estrechamente vinculados con el espíritu.

La espera es un estado. En la construcción espiritual se corresponde con el instante en el que el discernimiento determina la certidumbre de la llegada del propósito que la moviliza. Es un estado en el que, alcanzada la seguridad íntima, no cabe más que literalmente aguardar a que acontezca.

La perseverancia es el actuar consciente de que lo que se hace y repite es lo adecuado. Siendo la paciencia la que desliga las causas de una predefinición temporal de la percepción de los efectos. La espera aporta a una y otra certeza, y con ella serenidad.

El estado de espera se desmarca de cualquier perspectiva ilusoria, ya que en ese caso el discernimiento no podría actuar, al tiempo que su manifestación solo puede ser recogida por la percepción interna. La expresión que la caracteriza: “siento que será”, se manifiesta desde la acción perseverante y paciente y el juicio respecto a lo hecho y por hacer.

Cuando percibimos en alguien un perseverante y paciente hacer sereno. Lo que vemos nos “toca”. Quizás solo se trate de la modesta tarea de un artesano pero nos transmite algo que quizás incluso no llegamos a definir. Estamos sintiendo algo que acompaña a la construcción espiritual, también lo es, porque habiendo nacido en el espíritu de un ser humano, encuentra acogida y resonancia en ese mismo ser inmaterial que mora en el interior de todos los miembros de su especie.

Marià Moreno

178. Post del lunes – 23.04.18 – La construcción espiritual (3) – Espera

La construcción espiritual (2) – Paciencia

La paciencia, la capacidad de “saber esperar”, forma parte de la construcción espiritual al aplicar el discernimiento al tiempo. Es este quién dota tanto de contenido como de sentido a la paciencia, dado que solo la podemos apreciar a través de su paso. Sin duda, “si no hay tiempo”, no resulta posible hablar de paciencia.

La paciencia se conecta íntimamente con el manejo del paso del tiempo. Resulta claro en la polaridad alternativa. El calificativo de “impaciente”, se lo damos a quién precipita su acción ante su imposibilidad de resistir el transcurso del tiempo. Podemos anotar también que la unidad de medida resulta siempre relativa, la acción impaciente puede darse por no haber aguardado segundos, minutos, horas, días, semanas, meses o años.

En su perspectiva temporal, el discernimiento aplicado a la construcción espiritual va con una creencia central: “Nada puede suceder hasta que no se dan las condiciones que lo hacen posible”. Como consecuencia, la paciencia desliga el trabajo en las causas de una predefinición temporal de la llegada de los efectos.

La perseverancia y la paciencia son la primera y necesaria carga de la construcción espiritual, por cuanto se unen para sostener un actuar consciente carente de marcos temporales, y por ello, ciertamente libre.

Marià Moreno