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La Magnitud de las cosas

El Post el Lunes - SoloEl avance de lo humano en la Tierra se mide por el número uno. Es persona a persona.

A menudo parece que la magnitud de las cosas nos inmoviliza, esto parece surgir de manera especial cuando invocamos el “todos” para el ejercicio de una acción que si “todos” hiciéramos nos permitiría vivir en un mundo indudablemente mejor. Es cierto, si “todos” viéramos en el otro mucho más a un amigo que a un enemigo, o por no ponerlo tan difícil, si “todos” llegáramos con una sonrisa al trabajo o a nuestras ocupaciones, quizás esto de vivir en comunidad no fuera tan complicado y de paso quizás tampoco lo fuera nuestra propia vida.

Naíf, ingenuo, o todavía peor: “buenista”, el supremo despectivo recientemente activado para componer la extraña paradoja de dejar del todo claro que ser bueno es malo. Es sencillamente imposible que “todos” demos muestras de humanidad, y entonces como si al hacerlo en vano fuéramos a malgastarlas, las escondemos. Ya lo haríamos, ya, pero no se puede, no seríamos seguidos, los demás no se comportarían así e incluso se aprovecharían de nosotros sin piedad. La enorme magnitud de lo que debería cambiar nos conduce directamente a considerar un desvarío su mera enunciación. Entre tanto, el poder sonríe, logra su gran objetivo una vez más. Aquello que no se puede ni concebir jamás podrá ser creado ni tampoco vivido.

Sin embargo, la magnitud de las cosas no se ha movido nunca de sitio, sigue siendo la misma desde el surgimiento de nuestra especie, aunque haya logrado llegar ya a 7.000 millones de individuos. Es exactamente la misma, la real magnitud de las cosas sigue siendo la que se define por el número uno. El avance de lo humano en la tierra se mide por esa cantidad. Es persona a persona. Nuestra falta de acción no está justificada, tenemos muy a mano cual es esa persona que entregando a los demás su humanidad nos hará avanzar, es la que cada día acude puntual a su cita con nuestro espejo. Es cuestión de quitarle el “todos” de encima, y dejar que acuda sonriendo al trabajo, es probable que quizás sea necesario hacer alguna cosa más, pero no es menos cierto que por algo se empieza.

Marià Moreno

Nº 33

Win to Community

El Post el Lunes - SoloEs necesario impulsar nuevas palabras y nuevas expresiones si queremos alcanzar a describir una nueva realidad. 

El celebrado “win to win” (ganar – ganar) parece llevarnos al clímax en lo que a nuestras relaciones se refiere. Interés por interés y los dos satisfechos, visto así no parece posible mejorarlo. Sin embargo ¿A dónde no está llevando esta fórmula? Directamente a que si no tengo interés en lo que tú tienes no tengo porque saber demasiado (o nada) de ti, no hay “win” posible… y otra vez será.

¿Podemos imaginarnos el desarrollo humano si todo se hubiera basado en esta aclamada fórmula ? Y si miramos al ahora: ¿Por qué tenemos que ocuparnos de la enfermedades raras? o ¿Atender a los discapacitados? ¿Por qué queremos que se haga o lo hacemos? La respuesta es que estamos dotados del “Win to Community”. Todo lo mínimamente respetable que nos rodea ha sido hecho  por mujeres y hombres que ante el “win to win”, hubieran sonreído y quizás esbozado algo así como” oiga, eso que me dice está bien, pero ¿Y la Comunidad? Vera, yo tengo que dar lo que sé a los demás, y mire, no espero que me devuelvan nada en especial, se trata del progreso humano ¿Sabe?”.

Quizás sea bueno que cada uno de nosotros busque el “Win to Community” en su entorno, lo va a encontrar, y mejor todavía que eso, que lo ponga en práctica y quizás al final  es posible que hacerlo no sea tan desinteresado. Que gane la comunidad es la única forma real de que también ganen nuestros hijas e hijos, y también todos los que les sucedan.

Marià Moreno

Nº 28

¿Retrocedemos? ¿Avanzamos?

El Post el Lunes - SoloDesde luego no podemos ser el ombligo del mundo, pero quizás si podamos ser su espejo.

Es realmente complejo definir lo que sucede, y más todavía calificarlo. Los dos verbos clave nos muestran todas sus combinaciones posibles. Retrocedemos, sí, como lo está haciendo la igualdad, avanzamos como lo hace el conocimiento médico y científico, retrocedemos para avanzar como cada vez que invocamos la sabiduría de otros tiempos, avanzamos para retroceder cuando nos convertimos en auténticos prisioneros de las diversas pantallas que manejamos.

¿Es entonces una cuestión del lugar al que se mire? Si se aceptan las proposiciones anteriores parece que sí. Sin embargo, quizás y una vez más el “depende” no sirva. Lo que estamos haciendo sigue una dirección, está dominado por un vector, del que simplemente surgen líneas en dirección contraria porque eso se deriva de la gran complejidad de las cosas en una nave espacial habitada por 7.000 millones de personas (Ervin Lásló).

Podemos convenir que emitir un juicio de manera global resulta imposible, pero quizás tengamos un método para llegar a formular, al menos, una opinión. Se atribuye a Alejandro Dumas la afirmación de que “en lo pequeño está lo grande“. Si realmente es así, entonces también podemos afirmar que en cada viajero de la nave, en cada uno de nosotros, están todos los demás. ¿Avanzas? ¿Retrocedes? Quizás al resto le esté pasando lo mismo que a ti, de modo que alguna respuesta sí puedes tener, sobre eso sí puedes tomar conciencia.

¿Qué pasaría si multiplicar por 7.000 millones no fuera más que multiplicar por 1?

Marià Moreno

Nº 26

Lección del muro

24. Lección del muroEn nuestro caminar, tarde o temprano nos encontrarnos en un lugar del que ni siquiera recordamos como ha sido posible nuestra llegada. Pero aquí estamos, es una plaza de arena, fortificada. Nuestra mirada y en 360 grados solo puede contemplar un impotente muro, alto, pétreo, infranqueable. Por la misma causa que ignoramos como hemos llegado a este lugar no podemos retroceder, no hay camino de vuelta.

Temerosos, nos sentamos, y evaluamos nuestras opciones. La primera es permanecer así, inmóviles, tratando de producir el menor desgaste posible, esperando que de alguna manera el muro nos revele una ruta de salida, una vía de escape que ahora no sabemos ver. Podemos permanecer así por un tiempo indefinido sin tener en cuenta que aunque la inacción es previa a la acción, de la inacción misma jamás fluye ningún río.

Nos movilizamos, intentamos escalar el muro, aprovechar los mínimos resquicios que la piedra nos brinda. Lo hacemos, nos elevamos uno, dos, tres metros pero  pronto el alisado de la pared se torna implacable, y carentes de apoyo, volvemos irremediablemente al suelo. La arena amortigua nuestra caída, y lo volvemos a probar, otra vez y otra y otra. Creemos que es una cuestión de pruebas, que si somos capaces de levantarnos una y otra vez, en algún lugar, en algún punto, la piedra cederá y nos ofrecerá los apoyos suficientes para llegar a la cima del muro. No es así.

Exhaustos, retrocedemos, volvemos al centro de la plaza, no podemos quedarnos allí inmóviles de nuevo y tampoco podemos gastar todas nuestras energías en infinitos intentos baldíos ¿Qué nos queda? Pensamos que no nos queda ya ninguna opción. Desesperados, tampoco podemos hacer caso a la peregrina idea que nos dice que podemos saltar el muro, que si nos concentramos lo suficiente y flexionamos con ímpetu nuestras rodillas, generaremos una potencia tal que nos llevará al otro lado ¿Saltar el muro? No, nos decimos que eso no es humano, ni siquiera lo intentamos.

Nos recogerán, no permaneceremos allí por siempre, pero de alguna manera ya no saldremos nunca de esa plaza

Durante nuestra estancia en la arena, creímos haber agotado todas nuestras posibilidades, lo repasamos todo pero olvidamos lo esencial. Olvidamos que la piedra de ese muro está compuesta por átomos, y que en ellos lo que está presente fundamentalmente es el vacío, la nada. En esencia ese muro no es más que un inmenso vacío. Olvidamos también que nosotros somos exactamente igual que esa piedra y que también estamos compuestos de átomos que también no son más que vacío. Olvidamos que nuestra nada puede deslizarse entre la nada del muro con la misma facilidad que lo hace el viento entre las imponentes paredes de las montañas.

Sí, el muro podía ser atravesado, de la misma manera que no existe barrera alguna que no pueda ser franqueada a condición de que quién quiera hacerlo sea consciente de cuál es realmente su condición esencial. No ser nada, que es la única forma de viajar a través de todo, y con ello conocerlo.

Marià Moreno