La construcción espiritual (6) – Desapego

La construcción espiritual se dinamiza en virtud de un propósito, un fin o un estado que se desea alcanzar. Su hacer perseverante, paciente y sereno no resulta ajeno a la voluntad de logro. Sin embargo, con la construcción va también el desapego.

El discernimiento, en relación con el desapego, advierte de la presencia del interés que malogra los frutos que se persiguen. Quién tan solo se orienta a los fines, a menudo no repara en los medios. Cuando los medios se subordinan a los fines, es sencillo determinar que no es posible otorgar ningún sentido espiritual al hacer. Desapegarse de la obtención de los frutos no implica anular su deseo, sino acometer la tarea desde la conciencia de que el camino resulta tan esencial como el destino, y de que es el buen camino quien lleva al buen destino. Lo que resulta imposible si el camino carece de bondad.

El Espíritu, con el desapego, aporta la conciencia del propio ser. Quizás sea el atributo de la construcción espiritual que cuestiona de forma más directa al ego, el gran impostor. Ninguna manifestación egoíca puede acercarse al desapego, porqué son justamente los apegos y singularmente la vanidad y el orgullo quienes determinan su acción. Solo cuando el ser obra con plena conciencia de sí mismo, es capaz de desprenderse de los atavíos que pueden confundir tanto los medios como los fines.

El desapego demanda actuar desde la identidad real del ser, y cuando es así, aporta a la construcción la integridad que acompaña a la impecabilidad.

Es el espíritu, el ser dotado de discernimiento, quien acomete la construcción, manifestando así su voluntad de alcanzar un fin. Es el desapego quién le permite hacer desde sí mismo, dejando atrás las trampas que la máscara egoíca pone en juego.

Marià Moreno

181. Post del lunes – 14.05.18 – La construcción espiritual (6) – Desapego

 

La construcción espiritual (5) – Facilidad

La construcción espiritual contiene un propósito que dinamiza su emprendimiento. Conlleva trabajo en una cantidad incluso elevada. Por tanto, la presencia de la facilidad en la construcción, no puede implicar ni ausencia de esfuerzo ni que la tarea sea escasa o menor, y por lo mismo tampoco que resulte sencilla en su realización.

La facilidad en la construcción espiritual se refiere a que quien la protagoniza siente, en todo momento, que posee lo que le es necesario y que puede renovarlo de manera indefinida. La facilidad implica la sostenibilidad de la tarea dado que su ejecución no erosiona ni menoscaba lo que pone en juego.

La construcción es siempre abundante. Lo que le es esencial o bien permanece en ella siempre o puede ser renovado sin mayor contratiempo. Con la facilidad, el discernimiento está aportando la verificación de que el tránsito es posible, que el esfuerzo resulta operable. Por su parte, el Espíritu confiere “sentido” a la acción.

La construcción espiritual toma de la facilidad la generación del camino, de la ruta a transitar, que resulta posible desde una tarea tan dotada de sentido como exenta de erosión.

Un camino posible, ajeno al desgaste destructor, y con sentido aporta la Facilidad que se materializa en un hacer (Perseverancia), que es libre tras desligar el vínculo temporal de causas y efectos (Paciencia), sereno desde la certidumbre de la llegada del propósito (Espera), y humilde ya que esa es la condición de quién es más aprendiz que maestro (Confianza).

Marià Moreno

La construcción espiritual (4) – Confianza

En la construcción espiritual la confianza subraya la necesidad de la aplicación del juicio. Esto es así por cuanto la confianza supone el convencimiento de poseer las capacidades y habilidades necesarias para lograr el fin deseado. Es el discernimiento quien debe evaluarlas, y es solo tras ese examen que la confianza puede hacerse presente.

La aportación del espíritu se pone de manifiesto cuando ante la evidencia de alguna carencia, impulsa el aprendizaje. La confianza muestra, entonces, la presencia de la humildad, en tanto que condición indispensable para adquirir conocimiento.

La confianza se destruye a si misma si la vanidad la enmascara, por cuanto no será cierto que se posee lo necesario ni tampoco permitirá aprender lo que infundadamente se dice tener o peor aun se esfuerza en ignorar. Asimismo, nacida lejos de cualquier fuente externa, no concibe la expresión del desatino de considerar que algo será dado de manera graciosa. La construcción espiritual nace en el interior y se proyecta hacia afuera, es por ello que no puede recibir nada que no sea capaz de dar primero.

Conocer las propias posibilidades, tanto las que se tienen como las que se pueden alcanzar. Ser más un aprendiz y menos un maestro. Dar y aportar para que fuera resuene lo que ya está dentro. La presencia de la confianza revela todo esto.

Andada algo más de la mitad del camino en la descripción de los atributos de la Construcción Espiritual. Quizás sea bueno realizar una primera recapitulación, con la ayuda de la hasta ahora nada usual presencia de un elemento gráfico en el Post del Lunes.

De manera sintética la imagen nos muestra como el discernimiento aporta lo que considera acciones adecuadas, dotándolas de la firme creencia de que nada llegará hasta que no se den las condiciones. Determina también la certeza de la llegada del propósito, naturalmente vinculado a la reiteración de los actos, al tiempo que aporta la evaluación de si las capacidades y habilidades que se poseen permiten el logro del propósito.

El Espíritu valida las acciones adecuadas al aportar la conciencia de que realmente lo son, mientras desliga las causas y los efectos del yugo temporal. Aporta también el sentimiento necesario para alcanzar el estado de espera y la humildad necesaria para aprender lo necesario.

La confianza es un atributo necesario en el inicio de la construcción, mientras la perseverancia, la paciencia y la espera se muestran (o demuestran) durante su transcurso.

La perseverancia posibilita “el hacer”; la paciencia logra que sea “en libertad”; la espera aporta “la serenidad” y la confianza “la humildad”. En conjunto logran alejar de la construcción la obstinación (siempre necia); la desesperanza y el anhelo inmoderado del logro (polaridades invalidantes); la precipitación (inoportuna y derivada de no resistir el paso del tiempo); la ilusión y la fantasía (hijas del no juicio); la vanidad (incapaz de discernir) y el desatino (de pretender recibir sin antes dar, de que fuera se dé lo que no está dentro).

La observación de los atributos de la construcción espiritual seguirá ocupando a este Post en sus próximas entregas, pero sea esta la serie donde se dé la doble novedad de la aparición de una imagen y de una recapitulación intermedia.

Marià Moreno

179. Post del lunes – 30.04.18 – La construcción espiritual (4) – Confianza

La construcción espiritual (3) – Espera

Como toda construcción humana, la espiritual nace desde un propósito o fin deseado. Adquiere su calificativo por su capacidad de combinar una génesis inmaterial, propia e interna, con el uso permanente del juicio o discernimiento, al tiempo que pone en juego un conjunto de atributos estrechamente vinculados con el espíritu.

La espera es un estado. En la construcción espiritual se corresponde con el instante en el que el discernimiento determina la certidumbre de la llegada del propósito que la moviliza. Es un estado en el que, alcanzada la seguridad íntima, no cabe más que literalmente aguardar a que acontezca.

La perseverancia es el actuar consciente de que lo que se hace y repite es lo adecuado. Siendo la paciencia la que desliga las causas de una predefinición temporal de la percepción de los efectos. La espera aporta a una y otra certeza, y con ella serenidad.

El estado de espera se desmarca de cualquier perspectiva ilusoria, ya que en ese caso el discernimiento no podría actuar, al tiempo que su manifestación solo puede ser recogida por la percepción interna. La expresión que la caracteriza: “siento que será”, se manifiesta desde la acción perseverante y paciente y el juicio respecto a lo hecho y por hacer.

Cuando percibimos en alguien un perseverante y paciente hacer sereno. Lo que vemos nos “toca”. Quizás solo se trate de la modesta tarea de un artesano pero nos transmite algo que quizás incluso no llegamos a definir. Estamos sintiendo algo que acompaña a la construcción espiritual, también lo es, porque habiendo nacido en el espíritu de un ser humano, encuentra acogida y resonancia en ese mismo ser inmaterial que mora en el interior de todos los miembros de su especie.

Marià Moreno

178. Post del lunes – 23.04.18 – La construcción espiritual (3) – Espera

La construcción espiritual (2) – Paciencia

La paciencia, la capacidad de “saber esperar”, forma parte de la construcción espiritual al aplicar el discernimiento al tiempo. Es este quién dota tanto de contenido como de sentido a la paciencia, dado que solo la podemos apreciar a través de su paso. Sin duda, “si no hay tiempo”, no resulta posible hablar de paciencia.

La paciencia se conecta íntimamente con el manejo del paso del tiempo. Resulta claro en la polaridad alternativa. El calificativo de “impaciente”, se lo damos a quién precipita su acción ante su imposibilidad de resistir el transcurso del tiempo. Podemos anotar también que la unidad de medida resulta siempre relativa, la acción impaciente puede darse por no haber aguardado segundos, minutos, horas, días, semanas, meses o años.

En su perspectiva temporal, el discernimiento aplicado a la construcción espiritual va con una creencia central: “Nada puede suceder hasta que no se dan las condiciones que lo hacen posible”. Como consecuencia, la paciencia desliga el trabajo en las causas de una predefinición temporal de la llegada de los efectos.

La perseverancia y la paciencia son la primera y necesaria carga de la construcción espiritual, por cuanto se unen para sostener un actuar consciente carente de marcos temporales, y por ello, ciertamente libre.

Marià Moreno

La construcción espiritual (1) – Perseverancia

Si el espíritu es un “Ser inmaterial y dotado de razón(RAE). La construcción espiritual es la que está animada por un motor intangible, propio e interno, al tiempo que está provista de juicio y discernimiento.

La perseverancia es uno de los atributos de la construcción espiritual. Nuevamente, el recurso de la RAE nos la trae como “el mantenimiento constante en la prosecución de lo comenzado, en una actitud o en una opinión”. La perseverancia vinculada a la construcción espiritual, se refiere a la reiteración consciente de los actos que consideramos adecuados para conseguir el fin (la construcción) deseada.

Es el discernimiento, el juicio, quién determina que la acción que debemos protagonizar es la adecuada. Pero el conocimiento del camino no implica su tránsito. Por supuesto, puede perseverarse en la ruta equivocada: “errare humanum est“. Si bien nunca puede devenir en obstinación, ya que está contiene necedad, algo ausente de la perseverancia.

Pese a perseguir un fin determinado, la perseverancia no se alimenta ni de la esperanza ni del encendido anhelo del logro. Es por ello que jamás desespera. Su naturaleza espiritual se define por su actuar desde lo intangible con la conciencia de que lo que hace y repite es lo adecuado. Obviamente en sí misma no engendra bondad ni maldad.

Sin embargo, parece claro que no es posible levantar sin ella una construcción espiritual. El primer revés sería el último en ese viaje.

Marià Moreno

176. Post del lunes – 09.04.18 – La construcción espiritual (1) – Perseverancia